Diario de un cuaderno en espiral

Por Mercedes Halfon*

Un texto que hablara de la vivencia de Experimenta Sur tendría que estar hecho de haces de luz que fueran abriéndose y abriéndose, sin centro, debería escribirse con imágenes brillantes, dibujarse con los sonidos de las voces, los acentos tan graciosos y múltiples. Diez días inmersos en laboratorios, performances, conversaciones de la mañana a la noche y aun en los sueños. Colegas de toda Latinoamérica dispuestos al intercambio más vivo y horizontal que recuerde.

Las constelaciones de Kate McIntosh, José Luis Blondet, Laymert García Dos Santos, Emilio García Wehbi, Antonia Baehr y por supuesto Heidi y Rolf, se abrieron para mostrarnos sus ideas, el modo en que conciben su trabajo induciéndonos a nuevos pensamientos/creación. En una recorrida rápida por los apuntes con los que llené un cuaderno espiral de tapa dura encontré frases, comillas, palabras, tachaduras, dibujitos, conceptos interrumpidos en el movimiento que quedaba en el interior de la escucha. Imposible capturar todo, pero a veces algo es un nuevo todo, el punto donde empieza una curva que no sabemos a dónde irá a parar.

Día uno/ Kate McIntosh
Hermosa Kate de cara felina. Habló de nuestra percepción, hecha de marcos que tenemos desde siempre y construyen las narrativas que hacemos de nosotros mismos. A través de la metáfora podemos destruir esos marcos, darle un sentido nuevo a las cosas que vemos en el mundo, construir narrativas otras y por ende, nuevos mundos. A eso nos dedicamos en su taller. A metaforear. Con hojas carnosas, sal, velas, papel de aluminio, manzanas verdes. En esos días las palabras y las cosas cambiaron su lugar.

Día tres/ José Luis Blondet
Pensamos en teatros y museos. En la falsa oposición entre artes visuales y performance. En los caminos subterráneos que conducen de un lugar a otro. En los grandes salones. Y las puertas de salida. Como un escapista encontró una forma sutilísima de tratar y a la vez perder de vista estas cuestiones: pensarlas en la voz. Hablar de ventrilocuismo. La voz como performance, como algo que se hace, acto voluntario. Y a la vez compartido. Y la pregunta ¿Cuántas voces caben en cuerpo? ¿de dónde nace y hasta dónde llega una voz? ¿Qué hacer con las voces de nuestros maestros? ¿Cómo practicar la mala educación?

Día cinco/ Laymert García Dos Santos
Shakespeare y Heiner Müller y el Hombre. Frente a la aceleración del tiempo en el vector tecnológico, lo humano desaparece. Eso dijo Laymert el primer día. Sin embargo, estábamos todos ahí, escuchando atentamente en los patios salpicados de flores de Mapa teatro. Todo parecía indicar que lo humano no podría desaparecer si un texto de cinco siglos como el que había iniciado la charla, seguía encendiendo chispas, roce del pensamiento. ¿En qué tiempo estábamos? Luego vimos una película con Descartes en Brasil. Mientras la mirábamos anoté frases que René decía: «Este mundo es el lugar del delirio / La existencia existe en lo existente».

© Val Radrigán
© Val Radrigán

Día ocho/ Rolf Abderhalden en conferencia
El arte es lo que hace la vida más interesante que el arte, dijo cuando empezó. Nos regaló una serie de juegos de palabras/conceptos hermosos: arte indisciplinado, en vez de interdisciplinario, ¡polinización en vez de contaminación!, volver al régimen poético por encima del régimen estético, pensar en vez de en objetos, en políticas de producción de esos objetos. La lógica de cómo sucede Experimenta y Mapa Teatro ilustra sus frases, una política y una poética de encuentro, intercambio, prueba.

Día nueve/ Emilio García Wehbi
Él acababa de llegar de Buenaventura, el puerto al que no fuimos y quedó en nuestra mente como una ausencia, un signo de interrogación. Nos mostró imágenes de lo que habían hecho con artistas y estudiantes. Una silla en medio del agua, naciendo de un pantanal, unos textos oraculares y bellos. En su conferencia se preguntó cómo construir una comunitas y su respuesta fue que la única manera posible era desde la otredad.

Día diez/ Antonia Baehr
Quedamos pasmados con su performance Abecedarium-Bestiarium. Imitar un pájaro, recordar el momento en que con su amiga dibujaba caballos *algo que dejamos de hacer cuando entramos en el Instituto*, actuar sin palabra el momento en que un ciervo muere en manos de un cazador. ¿Era un ciervo? ¿Puede el arte lograr que alguien vuelva de la muerte? ¿Puede el arte darle vida a la –literal– naturaleza muerta?

Día mil/ todos
Una frase que tengo anotada y no se quién dijo: forma parte de la naturaleza humana necesitar una ventana, no un cartel. Tampoco se porqué ponerla al final. Pero algo de esa ventanas que abrimos continúan abiertas. Ayer hicimos un Skype con seis ex compañeros becarios. Una ventanita al lado de la otra: Cali, Montevideo, Pereira, Lima, Buenos Aires. Vínculos que se forjaron, sentidos que quedaron vibrando, girando como un trompo imantado, ganas de Volver.

 

*Mercedes Halfon, escritora argentina. Becaria de Experimenta/Sur V-2016.

Declaración de aduana de una compradora compulsiva en Bogotá

Por Laura Liz Gil Echenique*

©Leonor Courtoisie, artista becaria de Uruguay.
©Leonor Courtoisie.

Un restaurante sin lujos: “El pargo paisa”, pido una bandeja de las más baratas porque se me van agotando los días y aún no he comido frijoles colombianos. Me atrapa la falta de glamour y la disposición de todos para ver el partido de fútbol que pasan en la tele. Ni siquiera juega Colombia.

El tiempo en que se demoran en traer el sancocho es el que tardo en darme cuenta de que el establecimiento tiene más de dos relojes que no dan la hora y unos cuadros que deben haber sido sacados de las bodegas de San Andrecito o las esquinas de San Victorino. Después de un día de comprar todo tipo de cosas chinas por los más intricados callejones mayoristas llego a la conclusión de que al parecer en esta ciudad son los santos los que más comercian.

Tengo sobre mi cama de hotel un montón de cosas en cierta medida útiles, en cierta medida absurdas, sin embargo atesoro mis baratijas como si fuesen lingotes de oro. Sobre la mesa de noche he puesto todasnlas pequeñas artesanías que dicen Colombia, porque a pesar de todo unonsigue empeñado en llevarse un pedazo de los sitios que visita, como si fuese garantía para conservar, de alguna forma, la memoria.

Realmente quise cotizar con afán la sensación del último canelazo comprado a las 11 de la noche a una señora que lleva un carro y usa una ruana marrón… como la bebida que vende. En verdad, más que artículos chinos he buscado, sin éxito, atrapar las sensaciones, los olores de la empanada mezclada con marihuana en las esquinas, y la sensación del frío que se cuela por debajo de mi falda. La imagen, que la foto de la cámara del teléfono nunca pudo atrapar, cuando Bogotá al atardecer era una ciudad roja o la sensación que tuve cuando vi por primera vez el graffiti del beso.

Cuando el Street Art me lleva hasta Rodin, Magritte o Gustav Klimt y yo nada puedo hacer ni nada puedo comprar para atesorar las instancias, entonces no me queda sino inventarme motivos para regresar… o soñar que puedo también convertir un hueco de la Habana en casa de arte como hicieron y siguen haciendo Rolf y Heidi Abderhalden, y el resto del equipo con Mapa Teatro.

Realmente mi lista de compras se ha quedado con muchos ítems sin marcar. Quería respuestas y sin embargo me encantaron las preguntas al por mayor, la falta de certezas con promociones especiales y los combos de arte trandisiplinar… Arte vivo. Tenía una maleta destinada a poner los contactos y los portafolios del resto de los becarios. Y sin embargo me llevo un contenedor de instantes y cervezas compartidas, errancias por una ciudad que nos acogía mientras también nos hacía de las suyas, fotografías sacadas casi al descuido mientras se debate en qué tiempo y en qué espacio encontrarnos otra vez, y deseos que se quedan siempre esperando ser realizados, en la página de los precios que uno apuntó para volver y los que luego perdió sin querer guardando el vuelto de un abrazo.

Experimenta/Sur V hace que me vaya con exceso de equipaje, porque es imposible cuantificar el encuentro humano o medir las dimensiones de los sueños que empiezan a gestarse en colectivo, con seres con lo que nunca antes habías cruzado una palabra y doce días después parecen ser parte importante de tu vida y tu futuro. No sé si se permite en la aduana semejante cantidad de promesas, expectativas, emociones. Me resisto a dejar una sola de todas mis alianzas fuera del equipaje de mano, temo que en el despegue pueda dañarse el frágil hilo de un lazo recién tejido. Apelaré al fin noble de todos mis comercios: esto que guardo en mis maletas, sin fines de lucro, solo sirve para unir y hacer feliz a la gente de mi isla: el arte.

*Laura Liz Gil Echenique es artista visual y escritora cubana, becaria Experimenta/Sur v-2016.

La imagen: Foto de Leonor Courtoisie, becaria Experimenta/Sur V-2016 invitada de Uruguay.

La voz en el espacio se desdobla

[Reflexiones sobre el laboratorio de José Luis Blondet.]
Por Natasha Tiniacos*

Charlie, ¿por qué dices tantas cosas tontas?
Porque tengo ayuda.
Edgar Bergen y Charlie McCarthy

El laboratorio de José Luis Blondet sucedió en la Quinta de Bolívar. Al entrar a la página web del sitio, el internauta encuentra esta oferta bajo el título “alquiler de espacios”: “El inigualable valor arquitectónico e histórico de la casa, así como la excelente conservación de sus jardines y árboles centenarios, hacen de este un lugar único en la ciudad para la realización de diferentes tipos de eventos.” ¿Planifica un cóctel de negocios? Hágalo en el patio donde celebraron la independencia de varios países. ¿Quiere bautizar al primer varón de la familia? Festéjelo en los jardines del hombre de América.

Claro.

Blondet es venezolano, nacido y criado en el país de Bolívar, graduado y antiguo profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela antes de radicarse en los Estados Unidos a favor del arte contemporáneo. Su laboratorio «Solo (a dos voces)» versó, entre otras cosas, sobre el ventrílocuo, un personaje al que no pocos le temen en su infancia pero que Blondet ha explorado profusamente. El ventrílocuo tiene el arte de modificar su voz de manera que parezca venir de lejos. Agrego, parafraseando: voz que viene del vientre. Estaba, entonces, el curador de proyectos especiales del LACMA, hablando con su acento venezolano bajo el techo a dos aguas de una larga habitación de la quinta donde el Libertador, aun esporádicamente, retozó junto a Manuela Sáenz.

“¿Cuántas voces caben en un individuo o cuántos individuos caben en dos voces?”

 

Que él discerniera sobre este tema en la casa de Bolívar… ¿era paradoja? ¿alegoría? ¿elegía? ¿un tácito espectáculo? ¿una partida de la ouija? ¿todas las anteriores? Observaba a mi alrededor buscando una mirada cómplice que develara la coincidencia como parte de la curaduría de Mapa Teatro. Pero develar parece ir en contra de su naturaleza. Blondet lanzaba sus primeras ideas: “La voz funciona en el espacio”. “La voz en el espacio se desdobla”. Apunto en mi cuaderno ejerciendo, de manera temprana, el rol de escucha o de marioneta.

El tema de las voces se ha discutido desde hace siglos, dice. Habló sobre el Pierre Menard de Borges y esa línea tangencial de la apropiación muy en auge durante los años ochentas. ¿Qué pasaba con Menard? Quería escribir El Quijote, no reescribirlo. Recordó a las pitonisas de la antigua Grecia. En dos comedias de Aristófanes, Las ranas y Las avispas, hay ventrílocuos. La Biblia es la transcripción de una voz divina. No es un secreto el misterio teológico sobre el origen de la voz.

“¿El truco del ventrílocuo? Un muñeco, un actor. El personaje habla con un muñeco. Al hablar sucede un performance. Sus dos elementos fundamentales: la mirada y la voz.”

 

Dead of Night (1945).
Dead of Night (1945).

Esta foto nos acompañó como un telón de fondo durante todo el laboratorio. Los elementos fundamentales que menciona Blondet, la mirada y la voz, son expuestos en evidencia aquí de manera perturbadora. Se trata de la imagen promocional de una película de 1945, Muerte en la noche. Son, según Blondet, dos personajes que se necesitan. Dos personajes, una sola voz.

Blondet nos presentó a varios ventrílocuos, entre ellos a Nina Conti. Relató una escena de cuando ella heredó los muñecos de su maestro y entonces amante, Ken Campbell. Los llevaba a una suerte de peregrinaje elegíaco para despedirlos pero una de las muñecas, Granny, le pidió concederle el deseo de nadar antes de morir. Conti, en traje de baño, lleva la marioneta desnuda a la piscina. Establecen un diálogo (solo) a dos voces sobre el extrañamiento. Granny nunca había probado el agua. Conti le enseña a contener la respiración. Flota. Se hunde. “Es demasiado”, dice la muñeca, “es demasiado”. Ante su conmoción, Conti sale de la piscina con ella y cierra la escena estrujándola para exprimirle el agua de la piscina, un gesto recordatorio que estremece porque las voces que acabamos de oír nos dejan la (falsa) impresión de una humanidad en el cuerpo de látex y tela.

Nos preguntó sobre la sensación de oír nuestra propia voz grabada. Es extraño, acordamos todos. Otro extrañamiento. Es nuestra voz, emitida por nuestras cuerdas pero procesada por dos artificios: el de la máquina que graba y el de nuestro oído con que ahora nos escuchamos. Ninguno es natural. Hay un doble, una emulación inesperada.

Pero no solo de esto se trató el encuentro, Blondet pensó el tema de las voces partiendo también de una reflexión entorno a la obra Blas Coll del poeta venezolano Eugenio Montejo. “El paraíso requiere un monosílabo”, cita. Puerto Malo de Blas Coll trazaba un puente con el puerto de Buenaventura. Sobre esto me extenderé luego. Dejo la voz inconclusa, hasta aquí, rota como la vajilla de Bolívar actualmente expuesta en su Quinta en el montaje Los platos rotos del Libertador (¡!). Regreso a ese lugar como un fantasma detrás de los fantasmas, a sus rosas habitadas por diminutas hormigas, a los pasillos del jardín que alguna vez celebraron gestas o besos (ambiciones más profundas que otras), y regreso a ese techo y a esos muros condecorados, unas cuantas (solas) voces después. Se sostienen por la caja de resonancia donde fueron situadas, al borde del Monserrate, donde retan su identidad fragmentada, única, extraña, múltiple.

*Natasha Tiniacos.

Sobre la imagen: laboratorio «Solo (a dos voces)» de José Luis Blondet en la Quinta Museo de Bolívar, Bogotá. El video proyectado en la pared es In Situ de Silvia Grunder.

Nota bene: las referencias aquí expuestas provienen del laboratorio.

Teatro y performance, por José Luis Blondet

IMG_2775

En su conferencia inaugural, Pequeñas infamias, José Luis Blondet hizo una enumeración de las diferencias entre teatro y performance que resonó en todos. He aquí ese extracto, la pequeña infamia No. 6:

A menudo surge la pregunta. La evito a toda costa por considerarla improductiva o por temor a responderla pero vuelve y vuelve y vuelve. ¿Cuál es la diferencia entre teatro y performance? Una de las dificultades para responder es que hay muchos teatros y hay muchos performances, suelo decir para salir del paso. ¿Requiere el performance otro tipo de actuación (aquella que apuesta por la mascara anti-actoral y declara yo no estoy actuando)? Todas las respuestas que he escuchado, o incluso venturado en algún aprieto, son incompletas y revelan más de un prejuicio:

El teatro es filosofía, espacio privado. El performance es poesía, espacio público.

El teatro sucede en una caja negra, el performance en una caja blanca.

El teatro privilegia el texto dramático, el performance recurre a otros géneros textuales.

El performance se nutre de la improvisación mientras que el teatro es calculado.

El teatro es espectáculo, entretenimiento abierto al gran público. El performance es un medio artístico, altamente intelectual, dirigido a audiencias especializadas.

El teatro es cóncavo, el performance es convexo.

El teatro es democrático, el performance es elitista.

En el teatro los actores son más guapos pero en el performance hay más desnudos.

 

Escucha la conferencia completa, aquí.
Sobre la imagen: José Luis Blondet retratado por Santiago Sepúlveda.

Experimenta Sur: la plataforma artística y académica le midió el tiempo a Buenaventura

 

Experimenta sur 3

Durante los días 4 y 5 de junio, los estudiantes de la Licenciatura de Arte Dramático de la Sede Pacífico participaron activamente en el evento Experimenta Sur, organizado por Mapa Teatro, la Fundación Siemens Stiftung y el Instituto Goethe; una plataforma artística y académica cuyo propósito es la creación de espacios temporales de reflexión, experimentación e intercambio entre artistas y pensadores de Latinoamérica. Este año el tema elegido fue el Cronotopo, el concepto donde se  encuentran el tiempo y el espacio.

Durante la quinta versión, Experimenta Sur llegó a Buenaventura con diversas intervenciones de artistas internacionales ante la comunidad, lideradas por el maestro Rolf Abderhalden. Al puerto arribaron los estudiantes de la Maestría en Teatro y Artes Vivas de la Universidad Nacional de Colombia, quienes junto con el artista argentino Emilio García Webhi iniciaron un laboratorio sobre el Cronotopo cerca del Hotel Estación, elegido por dar la sensación de estar detenido en el tiempo. Después de una semana de debates y creación se produjo el texto “Atlas provisorio de Buenaventura” inspirado en el poema “La noche terrible” de Fernando Pessoa. Junto al texto se fueron construyendo, con elementos que la misma marea acercaba, una especie de marcha dispersa en la playa, pensando en la lentitud y cadencia de las olas. Posteriormente se realizó un performance durante dos días, aprovechando la marea baja se inició la lectura del texto “Atlas provisorio de Buenaventura” y simultáneamente realizaron un recorrido por la arena fangosa en dirección a la orilla. La performance representa el esfuerzo de la comunidad por hallar un buen puerto. Al fondo una imagen de Caronte, el barquero de  Hades que se desplazaba de lado a lado, como en espera de los pasajeros que transportaría al otro mundo.

Por otra parte, se instaló en el Bulevar del Puerto un reloj vivo, obra del artista  alemán Mark Fontanek y operado por estudiantes de la Escuela Taller del Ministerio de Cultura y Estudiantes del programa de Licenciatura en Arte Dramático de la Sede Pacifico, quienes durante 24 horas continuas marcaron el tiempo a toda la ciudad. Experimenta Sur en Buenaventura también estableció un diálogo de palabra y sonido entre el maestro Baudilio Cuama, constructor de marimbas y el más reconocido de la ciudad y los integrantes de la Fundación Tura Hip Hop.

Mientras tanto se encuentra en  Bogotá otro grupo de docentes y estudiantes de las sedes Pacifico y Meléndez quienes continúan sus reflexiones sobre el Cronotopo. El trabajo y la colaboración de los profesores y estudiantes de la Sede Pacífico, liderados por el maestro Manuel Viveros ha sido altamente valorado y desde ya se plantea la posibilidad de repetir el evento en Buenaventura para el próximo año.

Informes: escenicas.univalle.edu.co

 

Memorias de una pirómana con buenas intenciones

Por Laura Liz Gil Echenique*

Se suponía que este fin de semana hubiésemos bebido tragos afrodisíacos y nos hubiese contagiado el cálido ritmo de Buenaventura mientras vivíamos el Standard Time de Mark Formanek o asistíamos a las presentaciones del taller de Emilio García Wehbi. Sin embargo, no sucedió así. Decidimos que sería mejor no realizar un viaje, que por las circunstancias actuales del país, podría demorar más de lo esperado y suponía aventurarnos a vivir un tiempo distinto al que nuestro cronograma había contemplado. Pese a esto el cronos tampoco sucedió como creímos podría continuar, el fin de semana, comenzando por el clima, tuvo extraños comportamientos en el reloj de todos los participantes. Al final los viajes también son apelativos a la conciencia.

La calle está invadida por palomas y me gustan. Alguien me dice que pueden convertirse en una plaga, me preocupa que las cosas que me gusten terminen por dañar este paisaje de incendios. En realidad me doy cuenta de que me gusta jugar con fuego. Si está la llama cerca no puedo sino caminar con entusiasmo infantil directo a ella… Por alguna razón me resulta inspirador ver arder las certezas, me quedo ebria de estímulos y me dan ganas de quemar todo aquello que no pensó ser quemado.

Así fue cómo terminó esta cubana recorriendo las avenidas de Bogotá. Y desde la altura sobre el teleférico y por entre las calles estrechas, o sobre las esquinas y los grafitis, reinvento mi concepción de artista, arte, teatro, imagen… La Habana vuelve a ser el escenario para los acuerdos de paz en Colombia. Y como creo que el azar ordena el mundo me gusta pensar que mientras los colombianos se reinventan en mi capital, yo puedo reinventarme en la suya para aprender de aquello que nos falte y continuar tejiendo sueños y puentes.

Estoy cansada de tener fe en lo obvio, de construir altares para ídolos que no me identifican. Es hora de llenar las hogueras con las repuestas totalitarias. Quiero cantar como si rezara una oración y encender copas como velas. Dejar de definir es una forma de llenar de combustible los territorios en los que nos movemos, propiciar la chispa y consumirnos juntos aunque distintos.

Mientras cartografío la ciudad sin rumbo ni brújula, me encuentro una bota de mujer a mitad de la carrera 4ta. Me da miedo esta imagen, no sé por qué pero me asusta encontrar una bota en medio de la avenida. Antes de que el semáforo se ponga verde, me pregunto a quién perteneció y por qué está sola… Pienso si quizás, sin querer, yo incendié alguna vez las bases de algo. Ya no es necesario tener dos zapatos iguales para descubrir los caminos. Las artes vivas calcinan los conceptos pares, definidos, las disciplinas, las fronteras, los peligros.

Cuando Kate McIntosh nos dijo hace unos días que por alguna razón sentía que nos gustaba quemar cosas, no lo hacía en sentido metafórico, realmente quemamos varios objetos durante nuestros performativos ejercicios. Sin embargo ayer, desde Monserrate,mientras veía la ciudad atardecer como si, con todos los edificios de ladrillos, fuese una ciudad encendida, sentí que la altura me permitía pensar en el incendio como un dispositivo para la metáfora.

Debajo de la mesa encuentro una caja de fósforos y Natasha Tiniacos me recuerda a Tarkovsky y cada vez que pienso en esto, pienso en el tiempo narrando los estados y las incertidumbres… tantas incertidumbres y tantos acentos… tantas voces repitiendo sentencias que no les corresponden, porque a pesar de todo, quién sabe de dónde nace su voz o a dónde van a naufragar sus palabras.

Recostada en el sofá parezco la Maja vestida de Goya, me dice un artista que analiza cuidadosamente los objetos-sujetos a su alrededor, como si estudiara un personaje. Me pregunto por qué encajo con un estereotipo tan distante en el tiempo y en el espacio. De pronto me cuestiono cuán latinoamericana parezco y qué es lo latinoamericano ahora que estamos todos en un sitio conquistando límites que no nos pertenecen, porque en verdad, para nosotros ¿dónde quedan las fronteras?

Me recuesto al sofá y ahora me viene siempre la imagen de la Maja vestida aunque de pronto siento que a lo mejor también encajo con un cuadro de Botero, y ¿me alivio? Después de una semana de experimentos, nunca mejor dichos, las cosas parecen ser más simples y a la vez más potentes de lo que parecían. La semana comienza con bríos, después del viaje, que no hicimos, pero del cual necesitamos recuperarnos. Camino por una Bogotá que empieza a conocerme mientras le voy perdiendo el miedo a los rumores y los mitos. Porque de qué vamos a vivir los artistas sino de las mitologías que ojalá sean siempre estalladas, renombradas, incendiadas.

*Artista visual y dramaturga cubana, becaria de Experimenta/Sur V-2016.