Por Laura Liz Gil Echenique*

©Leonor Courtoisie, artista becaria de Uruguay.

©Leonor Courtoisie.

Un restaurante sin lujos: “El pargo paisa”, pido una bandeja de las más baratas porque se me van agotando los días y aún no he comido frijoles colombianos. Me atrapa la falta de glamour y la disposición de todos para ver el partido de fútbol que pasan en la tele. Ni siquiera juega Colombia.

El tiempo en que se demoran en traer el sancocho es el que tardo en darme cuenta de que el establecimiento tiene más de dos relojes que no dan la hora y unos cuadros que deben haber sido sacados de las bodegas de San Andrecito o las esquinas de San Victorino. Después de un día de comprar todo tipo de cosas chinas por los más intricados callejones mayoristas llego a la conclusión de que al parecer en esta ciudad son los santos los que más comercian.

Tengo sobre mi cama de hotel un montón de cosas en cierta medida útiles, en cierta medida absurdas, sin embargo atesoro mis baratijas como si fuesen lingotes de oro. Sobre la mesa de noche he puesto todas las pequeñas artesanías que dicen Colombia, porque a pesar de todo uno sigue empeñado en llevarse un pedazo de los sitios que visita, como si fuese garantía para conservar, de alguna forma, la memoria.

Realmente quise cotizar con afán la sensación del último canelazo comprado a las 11 de la noche a una señora que lleva un carro y usa una ruana marrón… como la bebida que vende. En verdad, más que artículos chinos he buscado, sin éxito, atrapar las sensaciones, los olores de la empanada mezclada con marihuana en las esquinas, y la sensación del frío que se cuela por debajo de mi falda. La imagen, que la foto de la cámara del teléfono nunca pudo atrapar, cuando Bogotá al atardecer era una ciudad roja o la sensación que tuve cuando vi por primera vez el graffiti del beso.

Cuando el Street Art me lleva hasta Rodin, Magritte o Gustav Klimt y yo nada puedo hacer ni nada puedo comprar para atesorar las instancias, entonces no me queda sino inventarme motivos para regresar… o soñar que puedo también convertir un hueco de la Habana en casa de arte como hicieron y siguen haciendo Rolf y Heidi Abderhalden, y el resto del equipo con Mapa Teatro.

Realmente mi lista de compras se ha quedado con muchos ítems sin marcar. Quería respuestas y sin embargo me encantaron las preguntas al por mayor, la falta de certezas con promociones especiales y los combos de arte trandisiplinar… Arte vivo. Tenía una maleta destinada a poner los contactos y los portafolios del resto de los becarios. Y sin embargo me llevo un contenedor de instantes y cervezas compartidas, errancias por una ciudad que nos acogía mientras también nos hacía de las suyas, fotografías sacadas casi al descuido mientras se debate en qué tiempo y en qué espacio encontrarnos otra vez, y deseos que se quedan siempre esperando ser realizados, en la página de los precios que uno apuntó para volver y los que luego perdió sin querer guardando el vuelto de un abrazo.

EXPERIMENTA/Sur V hace que me vaya con exceso de equipaje, porque es imposible cuantificar el encuentro humano o medir las dimensiones de los sueños que empiezan a gestarse en colectivo, con seres con lo que nunca antes habías cruzado una palabra y doce días después parecen ser parte importante de tu vida y tu futuro. No sé si se permite en la aduana semejante cantidad de promesas, expectativas, emociones. Me resisto a dejar una sola de todas mis alianzas fuera del equipaje de mano, temo que en el despegue pueda dañarse el frágil hilo de un lazo recién tejido. Apelaré al fin noble de todos mis comercios: esto que guardo en mis maletas, sin fines de lucro, solo sirve para unir y hacer feliz a la gente de mi isla: el arte.

*Laura Liz Gil Echenique es artista visual y escritora cubana, becaria EXPERIMENTA/Sur V-2016.

La imagen: Foto de Leonor Courtoisie, becaria EXPERIMENTA/Sur V-2016 invitada de Uruguay.