Conferencias

El origen del mal
Rudiguer Safranski (Alemania)

Otra vez la potencia: los entramados entre libertad, mal, moral, poética, política y fuerzas.
Primera conferencia pública: El origen del mal, Rudiger Safranski.

Relatoría libre: Bertha Díaz.

¿Qué lugar ocupa el mal (o más bien, la reflexión sobre el mal) en un ciclo de trabajo que apunta a repensar las prácticas artísticas? Rudiger Safranski, figura fundamental de la filosofía alemana y universal, uno de los pensadores más inquietantes de la actualidad, abrió el ciclo de conferencias de EXPERIMENTA/Sur, abiertas al público, con una compleja ponencia -compleja en el sentido empleado por Edgar Morin- sobre el Origen del Mal. La misma se agencia brillantemente con la intención de EXPERIMENTA/Sur de poner una mirada enfática en las fuerzas que nos mueven, que forman nuestro material constituyente.

Desde que inició este programa, las actividades apuntan a aquello que está en el centro de la potencia del individuo, a reivindicar terminologías, a llevarnos a nuevas formas de relación con el mundo. La conferencia de Safranski puso en movimiento aquello que late en este proyecto: revolucionar nuestra relación con el arte y desde ahí, las relaciones sociales y/o a la inversa.

Safranski desacralizó la idea del mal. La quitó de la tradición de la enfermedad. La asoció con la libertad, con la conciencia, con el pulso de la crueldad, con la civilización, con la inteligencia en movimiento. Y calificó al mal como perteneciente “al drama de la libertad”. Su intervención fue una agitación para pensar hondamente sobre el mal, pero también sobre la libertad, en ese sentido y, claro, pensar desde la actuación. Dice Safranski que el solo hecho de poseer la libertad hace que exista el mal. Desde ahí, toda la cadena de conexiones que esa relación base implica o, más bien, desata, estuvieron presentes en su intervención. Inquietudes sobre cómo se usa el deseo, sobre la moral como construcción en mutación, sobre la movilización de las fuerzas, sobre los estragos de los constructos culturales que han metido al mal en categorías patológicas, atravesaron la conferencia.

Pensar el mal no como enfermedad, sino como una una pulsión que se transforma en acto y que está en la mayoría de los casos ligada al ejercicio de nuestra libertad (y al coqueteo con el poder), moviliza de manera distinta a pensar sobre el juego del ser, la idea del dar cuenta de sí mismo y los modos en que se generan los encuentros con el otro, con lo otro, con nosotros mismos, en tanto otros.

¿Qué valor de uso tiene el performance?
Giulia Palladini (Italia)

El performance como gesto de desobediencia a la organización adulta de la productividad.
Resistir, persistir y abrir zonas autónomas, una charla de Giulia Paladini.

Relatoría libre: Bertha Díaz

Hans Thies Lehmann refería en cierta entrevista que le hicieron en la Revista Ñ, de diario El Clarín de Argentina, que el arte no es político por su contenido, sino porque está hecho políticamente. Y es que cuando el quehacer artístico se concibe políticamente, es decir, cuando sus preguntas íntimas que lo accionan son políticas, se vuelve él mismo un gesto político, revolucionario,resistente y persistente.

A Giulia Paladini, investigadora italiana concentrada en estudios sobre la performatividad, el archivo, el tiempo y su uso, además de curadora de artes visuales y docente, se le asignó la pregunta inaugural de las segundas jornadas de EXPERIMENTA/Sur, que se desarrolló el día de ayer a modo de conferencia. El título fue: ¿Qué valor de uso tiene el performance? Montaje, finitud y autonomía.

Desde su propia metodología para abordar tal pregunta y desde los autores que ella pone en relación: Virno, Marx, Benjamin, Foucualt -para mencionar unos cuantos- su trabajo se alinea con esta idea de Lehmann recuperada en el párrafo que abre este texto y que sitúa al arte político como algo asociado íntimamente como el hacer, en este caso, un hacer del pensamiento sobre el arte, que al mismo tiempo también es acto de creación. Su pensamiento se rehúsa a ser territorio acabado y se lanza a disparar preguntas sobre qué hacemos, es decir sobre nuestras prácticas mismas y el empleo del tiempo en ella, nuestras relaciones con el tiempo en ellas… cabe decir,  no solo las prácticas en el arte, sino en todas nuestras esferas relacionales.

En la conferencia, la pensadora italiana nos abocó a reflexionar sobre los modos de producción del arte. Y cómo esos modos de producción en sí mismo también sirven de reflexión sobre el tiempo del (y en el ) capital, sus lógicas y sus determinaciones. La cuestión del uso y distribución del tiempo sirven para dinamizar las preguntas sobre qué mueven las artes performativas, pues por su naturaleza -ya que ocurren y dislocan en el presente- sirven para que esta pregunta tome cuerpo.

Giulia insistió en que el potencial político del performance consiste en imaginar una temporalidad autónoma del propio tiempo de trabajo. Y en el hecho de que hay que pensar que esta zona autónoma que constituye la escena, implica también unas formas de trabajo y placer que le son propias y que se movilizan más allá de sus bordes. Es decir que tienen resonancia en lo que precede a la escena, lo que se vive en la escena y lo que le sobrevive a ella.

En cuanto a las nociones de montaje y de preludio, abordó ambas como formas que complementan el lance hacia la autonomía. El montaje lo acogió como unidad operativa de trabajo y también como modalidad de composición. Ella refirió que el montaje apunta a una forma autónoma de organización de la materia creativa, lo cual ofrece otra relación con el tiempo y el tiempo de la historia. El montaje constituye una concreción otra con el cuerpo.

En relación a la idea de preludio -y en contraposición o más bien como variante a la idea de montaje que implica una suerte de muerte también, un proceso de finitud-, este pre-anuncia el desarrollo de un trabajo y ocupa un espacio subalterno frente a la obra, dijo la autora. Sin embargo, esta zona de subalternidad cuenta al mismo tiempo con una enorme autonomía. Es decir, ella existe como extensión temporal del radio de acción de la materia creativa, con lo cual el uso de ese tiempo pre-liminar constituye también sentido.

La cuestión central con lo que se confronta la escena hoy, si se piensa como acción política -dice la pensadora italiana- es la ocupación del tiempo. Para ejemplificar ello uno de las vías que utilizó fue las reflexiones de Georges Bataille cuando refiere que la escritura supone una profunda conciencia de hacer lo contrario de trabajo (una paradoja). Bataille define al escribir (y eso como síntesis del acto artístico en general) desde una relación pueril con relación al mundo adulto de la productividad. Giulia insiste en que el quehacer artístico subvierte la idea del tiempo y de su uso. Pero piensa que este privilegio implica una enorme responsabilidad política. Esta “desobediencia a la organización adulta de la productividad”, como lo dice textualmente, no debe ser domesticada jamás. Ese sería el mayor estado de concentración al que debe abocarse el artista, a conservar una zona otra, que -como lo complementó en el diálogo que luego de la conferencia tuvo con algunos asistentes: no tendría que ver con el exilio, sino con abrir zonas otras dentro del sistema.

Repensar el arte hoy implica una revisión íntima sobre cómo dialogamos y negociamos con las formas en las que el capital se organiza y pretende organizarnos. Una charla que operó como acción subversiva, es decir, de versión más pequeña a la oficial del performance y también revolucionaria.

 

Amazonía Transcultural
Chamanismo y técnociencia en la ópera
Laymert García dos Santos (Brasil)

Relatoría libre: Bertha Díaz

Laymert García Dos Santos: la potencia de los encuentros y el descubrimiento de lenguajes

Uno de los pensadores y ‘hacedores’ clave de Brasil, Laymert García Dos Santos, cerró el ciclo de conferencias abiertas al público en el marco de EXPERIMENTA/Sur, en el Centro de Memoria, Paz y Reconociliación, un lugar que el autor celebró su existencia -de la mano de la celebración por este evento en el que se enmarcó su conferencia- pues, a su criterio, habla de un momento importante para Colombia.

“Amazonia transcultural. Chamanismo y tecno-ciencia en la ópera”, se tituló la charla que la noche de ayer dio este pensador que es profesor titular del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas, São Paulo, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de Paris 7, y especialista en Sociología de la Tecnología.

Su conferencia dio cuenta de un proceso que generasen de 2006 a 2010 artistas, shamanes, técnicos, pensadores provenientes de Brasil -de la zona urbana- y de la comunidad Yanomani, así como un grupo de  europeos. Este proceso apuntó a convertirse en un territorio para explorar la transculturalidad.

La interculturalidad y la multiculturalidad, plantea el investigador brasileño, implica que cada quien se relacione desde su universo conocido, de la zona de certeza; mientras que la transculturalidad implica que se conjuguen experiencias culturales diversas en su más grande amplitud, es decir con sus epistemologías, cosmologías y ontologías propias al servicio de generar algo común que sea a la vez otro, que se descubra en el estado de encuentro.

Su experiencia nos abocó a adentrarnos en la reflexión sobre la complejidad de las culturas y la complejidad que se provoca entre las culturas. Así mismo, en la complejidad y el malentendido provocado por la diversidad lingüística. Y en la disposición del uso de los malentendidos para ser transformados en malentendidos productivos.

El material con el que trabajó él y el equipo antes mencionado para esta experiencia relatada la noche de ayer -y que sirve como disparadora para repensar otros ámbitos de la creación contemporánea- fue la Amazonía, pensada ella misma como un territorio de complejidad. La intención no fue no trabajar sobre la Amazonía, sino con ella. Esta inversión de términos fue también una inversión creativa. El bosque como personaje, como lugar, como mito.

El formato que usaron inicialmente fue la ópera, pues tomando como referente a Theodor Adorno, la ópera funciona como último refugio del mito. Esta ópera que crearon se volvió  una síntesis de ese estado de encuentro. Según lo que se vio en un extracto de vídeo de la experiencia, durante la charla, esta ópera es una muestra de cómo el arte puede volverse lugar de acogida de lo transcultural.

Ya que el trabajo de montaje de la obra fue tan arduo y tan largo, pero se redujo a 15 puestas en escena, la misma exploración también tomó cuerpo en otro formato, un proyecto fílmico exquisito sobre la experiencia de los shamanes, que nos mostró Laymert hacia el final de la charla.

Ahí, ante nuestros ojos, la transculturalidad se materializó. El uso de la tecnología para visibilizar lo imposible de percibir. La apertura hacia otra forma de mirar, para mirar lo imposible, lo inenarrable.  Un ejercicio fílmico que activó la sensación.

Además de pensar la transculturalidad, Laymert García hizo a través de esta charla un llamado para recuperar la relación entre fuerzas y formas. Y una invitación para salir de las lógicas de la representación, que están asociadas al simulacro, y deslizarnos hacia el territorio más sensible, a un territorio que se rehúsa a lo conocido, a la certeza, a un lenguaje absolutamente otro en el que podemos reconocernos desde nuestras diversidades, desde las diferencias.