CORTA CONCEPTUALIZACIÓN DEL PAISAJE

El concepto de ‘paisaje’ en la ecología como ciencia se observa desde la perspectiva de la teoría de sistemas: Es un nivel de organización de fenómenos de vida ubicado en una jerarquía.

A uno de los primeros niveles de organización corresponde el ‘organismo’: un individuo de una especie. Los organismos se agrupan en ‘poblaciones’ compuestas por individuos de la misma especie. Estas poblaciones coexisten con poblaciones de otras especies en arreglos que reciben el nombre de ‘comunidades’, configurando entramados complejos de interacción. Finalmente, la categoría organizacional del ‘paisaje’ corresponde al encuentro de comunidades. Una manera de entenderlo desde una imagen puede ser la de los ‘parches’: en la representación de una montaña (puede ser una foto) se pueden observar manchas –distintos tonos de verdes y ocres conformando figuras- en la ladera.

Figura 1. Niveles de organización y ciencias que los estudian.
Tomado el 08/05/2019 de: https://www.sepra.gt/index.php/documentacion/32-que-es-la-ecotoxicologia

Estos parches vendrían a ser las comunidades. Desde lejos, la imbricación de parches arma algo que es imposible de ver si se observan los parches de una manera aislada, como términos individuales en una sumatoria lineal.

 

Figura 2. La misma cantidad de hábitat (10%) con diferente grado de fragmentación.
Tomado el 08/05/2019 de: https://www.madrimasd.org/blogs/universo/2008/06/08/94102

En este punto se llega a un concepto central de la teoría de sistemas que contempla los niveles de organización ecológicos: a cada nivel corresponden unas ‘propiedades emergentes del sistema’, cualidades o características del entramado que no eran posibles para las partes que lo componen por aparte, y las cuales precisamente se deben a la interpenetración de sistemas. Esto recuerda el tema de los tejidos conectivos: algo quiere permanecer junto, y ese afecto es imbatible.

Nicolás me habla sobre el nacimiento del ‘paisaje sonoro’ en música. Me cuenta que quienes comenzaron a plantear este posible estaban interesados en la ‘ecología acústica’, la cual abordaban desde una estética realista que buscaba la precisión en la grabación de los elementos que componían el paisaje, los cuales querían exhibir en plena riqueza de información. Discutimos entonces sobre este ‘naturalismo’, sobre lo que implica exponer de manera aislada los sonidos de lo que compone un paisaje de selva. A él le gustaría hacer una colección de cantos de aves amazónicas para la sala del museo. Hablamos de la ‘selva de ciudad’ y recordamos al city bird -el paradigmático ringtone de Nokia-.

Quedan flotando preguntas: ¿en qué momento el paisaje se vuelve un fondo, un backing? ¿Qué atención o información es necesaria para contemplar –construir- un paisaje?

 

GUILLERMO QUINTERO ‘Homo Botanicus’

Julio Betancur -un maestro en botánica- y Cristian -su aprendiz- nos son presentados en medio de una salida de campo en que se encuentran recolectando especies botánicas. El narrador de la película nos cuenta que están enfrascados en la empresa de alcanzar el conocimiento de las plantas del paisaje de bosque de niebla en que se encuentran. Su oficio se nos presenta como una devoción, como una necesidad pasional de entender esa fuerza del paisaje.

¿Por qué seguiría alguien en esta tarea eterna?

Cristian nos cuenta sobre su experiencia de avistamiento: “para mi reconocer una planta entre el bosque es igual a reconocer a un ser querido: una madre, un padre, un hijo. Es como encontrar a un amigo, a un amante en un lugar inesperado

¿De dónde nace el amor por las plantas? Respuesta: del ensoñamiento –soñar con orquídeas, soñar con bromelias. A los de las orquídeas les pueden decir ‘orquidiotas’. Cristian también sueña con su maestro, pero no es seguro que en realidad no estuviera soñando con el paisaje: nos cuenta que, en su fantasía, le ha visto citar de memoria todas las especies de la selva amazónica, hacer un recuento en desorden de cada uno de los especímenes que ha recolectado, tipo “JB 9001 – Aiphanes horrida” [Chontaduro]. La citación se prolongaría hasta el infinito. Al terminar algunas especies habrían dejado de existir y otras nuevas se estarían formando. El aprendiz nos revela entonces la motivación de su compromiso con la estirpe de los botánicos: quieren censar el paisaje porque no saben si va a estar ahí después, o más bien porque saben que se va a acabar. Muertas, montadas en el exicado –nombre que recibe la especie colectada al ser montada en un papel libre de ácido e identificada para su inclusión en una colección botánica- estas plantas tienen vida.

¿Qué es una planta? Respuesta: un poema en una lengua desconocida. Los botánicos las coleccionan en el Herbario Nacional acompañadas de nombres que describen su forma. Las voces que utilizan para nombrar sus pieles aparecen, de repente, como pertenecientes todas al dominio del tacto: “Hojas de indumento lepidoto” quiere decir que presentan pelos en forma de escama. “Sépalos de aspecto coriáceo hacia la base” quiere decir que abajito la pieza se siente como de cuero. Claramente los botánicos no quieren revelarnos su erotismo phytico; porque si no nos lo dirían con los nombres comunes para que sepamos de qué están hablando y amáramos también estas texturas de planta. ¿O acaso es todo lo contrario? Es un problema de taxonomía. Es también un problema de paisaje como backing.

 RICARDO TORRES-PALMA ‘Paisaje invisible de contaminantes emergentes’

El profesor es un gran letrado en química, con postdoctorado incluso. Es un experto en agua. Nos hace una introducción al problema que estudia –la contaminación de los cuerpos de agua- acompañando una serie de conceptos e informaciones básicas con sus anécdotas de experimentación sobre cómo paladear este paisaje.

Lo primero que causa impacto de terror al grupo es la magnitud que cobran unas especies químicas cuya presencia el profesor ha medido en distintas fuentes de agua (a la salida de plantas de tratamiento en Bogotá, Cali, Medellín y a la salida del hospital de Tumaco) y que constituyen un problema grave de salud pública y de políticas ambientales por su relación con el surgimiento de ‘superbacterias’ resistentes a los antibióticos disponibles y con la afectación de los ciclos de vida de las especies en contacto con las aguas contaminadas.

Particularmente en el caso de los productos farmacéuticos consumidos por el humano, el profesor nos enseña tablas en que reseña la presencia de estos compuestos en el agua, haciendo especial énfasis en una larga lista de antibióticos. Entonces, nos habla sobre los procesos de tratamiento de aguas residuales y sus falencias. En las plantas de tratamiento con facilidades para purificar el agua con comunidades bacterianas incluso (las más avanzadas en cierta medida) se puede observar a la salida que un 10% de las ‘impurezas’ permanecen. Estas impurezas corresponden, precisamente, a los antibióticos vertidos a las aguas residuales como desecho, por ejemplo de los organismos que los toman y excretan luego en la orina u otros. Las bacterias purificadoras no los atacan porque justamente los eluden.

Ante la dificultad y el costo para retirar estas sustancias de la solución acuosa a la salida de las plantas de tratamiento, la legislación colombiana para el caso revela el gran bache de interpretación que mantiene la situación de daño ambiental y deterioro crónico de las expectativas de supervivencia de la especie humana (si consideramos que es la única afectada), pues esta contempla como mínimo la sustracción del 70% de residuos en el agua procesada, pero no especifica la naturaleza de los contaminantes a ser retirados con ese 70%. Esto resulta en la tolerancia hacia la permanencia de estos antibióticos en el agua, vertida en ríos y océanos oculta bajo la capa de ese 10% de ‘impurezas’.

En este paisaje apocalíptico, el profesor investiga la eficiencia de los distintos métodos adicionales de combatir la presencia de estas especies y sus derivados –metabolitos de los contaminantes producidos por hidrólisis, efectos sinérgicos inesperados derivados del coctel de sustancias, y otros biorecalcitrantes- en los distintos contextos.

Torres-Palma hace un llamado final a los artistas en su conferencia. Nos dice que el papel del científico es entender, pero que la presión social es lo único capaz de hacer que la política sea eficiente ambientalmente, y que allí el ve que los artistas pueden tener una gran incidencia sobre el paisaje.

Por: Jorge Luis Acevedo