¿Huaca o Guaca?
Cuando la mexicana, Nayeli, me preguntó que significaba “Huaca”, me dije a mi mismo que esta era mi oportunidad para sacar a relucir mi vasta cultura y le respondí sin titubear
en voz baja para no tener que interrumpir la charla: “Una guaca es un entierro indio…indígena…perdón….¡Guaca! ¡no huaca!”
No fue sino decir eso, para que el artista ecuatoriano Oscar Santillán – como si leyera mi mente o mis labios caídos en el error- dijera que algunos afirman erróneamente que una huaca, así como se escribe huaca, es un entierro indio, incluso un templo indio y aún peor: un tesoro indio. Nayeli me miro enseguida y rio con una profundidad silenciosa. Yo, apenado, hice una sonrisa de vergüenza. Una de esas clásicas sonrisas que uno hace cuando sabe que la ha cagado. Aun así, me negué a pensar que- porque la diapositiva del artista ecuatoriano Oscar Santillán decía Huaca en vez de la forma que yo usaba Guaca- yo había dicho toda mi vida mal la palabra Guaca ó Huaca, y decidí apaciguar o condenar mi error con un árbitro objetivo, el mismo que utilizo siempre que tengo una duda y quiero pelear con el otro, así sea en silencio: Wikipedia, la enciclopedia global y gratuita. “El término huaca, waca o guaca, del quechua wak'a, designaba a todas las sacralidades fundamentales incaicas, santuarios, ídolos, templos, tumbas, momias, lugares sagrados, animales, aquellos astros de los que los aillus, o clanes creían descender, los propios antepasados, incluyendo a las deidades principales, el sol y la luna, los cuales eran venerados a través de diferentes ceremonias.”

Sentí un respiro hondo en mi cuerpo. Una sensación de que no todo estaba perdido, al menos coincidía en algo mi respuesta con la respuesta de mi arbitro Wikipedia. Sin
embargo, el concepto de Huaca de Santillán, el cual según él era el concepto de las culturas ancestrales, era mucho más trascendental que la definición vaga, objetiva y
western de Wikipedia, la enciclopedia global y gratuita. De hecho, creo, si no fue porque entendí mal, que el concepto de Huaca de Santillán no necesariamente remitía a lo
material o al objeto, incluso hablaba él de una subjetividad. Las palabras comienzan a ser confusas, quizá hemos construido toda la arquitectura del lenguaje con una metafísica del objeto. Diría el nazi bigotón, Heidegger, que toda la culpa la tienen Platón y Aristóteles.
Ellos – después de todo- han sido los grandes arquitectos de nuestro pensamiento, de nuestra forma de hacer ciencia, de nuestra forma de hacer arte, de nuestra forma de hacer religión y no se me haría raro: de nuestra forma de hacer del cuerpo. Por ello- cuando Santillán afirma a través de una cita de una pensadora Peruana que la huaca
puede ser una subjetividad que emana el propio ecosistema, algo así como una montaña, un rio o una piedra, o cualquier persona no humana- se puede afirmar que la única
manera de entender estas nuevas viejas maneras de entender el mundo es negar ciertos axiomas del Platonismo y el Aristotelismo. La tarea es ardua, de hecho podría decirse que es casi imposible, sin embargo se puede intentar y para ello, como decía a medias Santillán para no alargar más la charla, habría que revaluar ese triángulo que se da entre la mentira, la verdad y la ficción. Fue el nombramiento de esa trinidad que despertó en mi un recuerdo. Hacía unos días que había agregado a mi lista de amigos a la profesora
misteriosa de formación filosófica, quién decía que su única herramienta era la escucha. Y no la recuerdo de forma gratuita, ya que ella había re-posteado, hacía unos pocos días, un artículo de la niña-sabía, la única, la de los más de 123123 fans en facebook y twitter: Carolina Sanín.

“LITERATURA Y PASATIEMPO
Voy a tratar de ser clara. La escritura sí tiene un compromiso con la verdad. No hablo de la defensa de la opinión, ni de la ideología, ni de la veracidad, ni mucho menos de la
verosimilitud (semblanza de verdad que puede ser revestimiento de cualquier mentira), ni muchísimo menos de la verdad periodística. Hablo de una verdad profunda y absolutamente insoslayable: la verdad de la experiencia viva, del pensamiento que se ve pensando y el cuerpo que se persigue a sí mismo mientras vive. Hablo de un compromiso con la pregunta, que por otro nombre puede llamarse responsabilidad: la disposición a responder, la consciencia de que se tiene que responder, la aceptación de la circunstancia de que, mientras preguntas, también tienes que escuchar la pregunta que se te hace. Por eso se dice «mentira». Por eso se dice «mito», no «mentira». Una obra de ficción no trata acerca de su argumento. Pedro Páramo no trata acerca de un hombre que va en busca de su padre a un pueblo. Esa es la alegoría con la que se representa un problema o una serie de problemas vitales a los que el autor les da tiempo, les da aire, les da voces. Pedro Páramo trata de la filiación, de la pertenencia a la tierra, de la relación entre el sueño y la ilusión amorosa, de la pregunta sobre dónde están los muertos, de la paradoja de la vida de los muertos. Cien años de soledad no trata sobre la familia de los Buendía, que no existe. Trata sobre la tensión entre el tiempo de la vida humana y el tiempo histórico, sobre cómo se funda una sociedad, sobre la condición del habitante del Nuevo Mundo que tiene que descubrir su entorno redescubriendo quién es, entre otras muchas cosas. Por eso, toda la literatura es ensayística. Y en cualquier obra literaria que aspire a ser arte del ser humano, y a no ser un pasatiempo que produzca tres dólares o trescientos mil, tiene que brillar la verdad del pensamiento que piensa y de la consciencia viendo el pensamiento que piensa y sintiendo la vida que se está viviendo. Cervantes se burla con gran desprecio, en uno de sus prólogos, de un pintor a quien le preguntaban qué pintaba y decía «lo que salga». Su burla es profunda. «Lo que salga» no es otra cosa que los excrementos. Uno no escribe «lo que salga», porque escribir no es (solamente) defecar, y uno no defiende una ligereza o una irresponsabilidad o una falsedad en su escritura diciendo: «Es ficción y la ficción no se explica». Lo único que no se explica son los misterios de la religión, para las personas religiosas. Si acaso (pues San Juan de la Cruz no solo escribió poemas de su experiencia mística, sino decenas y decenas de comentarios en los que las explicaba). Si uno está comprometido con el arte de la palabra, que es el arte del discurso, es exigible que uno explique todo lo que escribe, y para lo que tuvo toda la libertad y todo el tiempo que se quiso dar. Es necesario que uno responda por todo, absolutamente todo, lo que escribe, aún si en la respuesta tiene que recurrir al inconsciente y aceptar su extrema ignorancia de sí mismo. Si no, uno es como el pintor de Cervantes: un zafio y un ladrón del tiempo ajeno (robo descrito en la terrible, inmoral palabra de «pasatiempo», que pretende hacer sublimes y hacer incondicionales la autocomplacencia, la pereza, la
incapacidad, la indiferencia).” Me atrevería ampliar un poco más el espectro de lo que habla la niña-sabía. No llamaría a esto Literatura y Pasatiempo, sino Arte y pasatiempo y ampliaría los ejemplos al arte y no particularizaría únicamente esta idea a la literatura. Pero volviendo a lo anterior, si me remití al

post de Adriana, en el cual re-posteaba a la niña-sabía, era porque en ese Post-facebookero estaba la respuesta a la pregunta de Santillán:
¿Cuál es la diferencia entre mentira y ficción?
O cómo diría la cadena de televisión que transmite películas de mierda ( las cuales son únicamente consumibles acompañadas de un pollo asado de proporciones gigantescas un sábado o un domingo por la tarde con tres kilos de miel) : ¿Cuál es la diferencia entre la realidad(verdad) y la ficción?

Y si pensáramos aun Aristotélicamente y concluyéramos que no existen diferencias entre estas tres categorías llegaríamos a la conclusión- por simple principio de transitividad y
simetría- de que verdad, mentira y ficción son una y la misma: Dios.

Por: Nicolás Castro