DIA A DIA:

DIA 1:

Seminario Suely Rolnik: El abuso de la vida. Matriz micropolítica del régimen colonial-capitalístico: “Lygia Clark: ningún acto es neutro.”
Primera sesión

 

Relatoría Margot Delorme

Psicoanalista, crítica de arte y de cultura, curadora y escritora, Suely Rolnik abrió ayer la séptima versión de EXPERIMENTA/Sur con un seminario llamado “El inconsciente colonial-capitalístico. Notas para liberar la vida de su abuso”.

En el sistema colonial-capitalístico actual, somos separados de nuestro inconsciente, de nuestra pulsión vital, donde se fabrica el mundo, las palabras, las imágenes. Nuestra pulsión vital está bloqueada como un nido en la garganta. No puede fluir, y ahí es donde se alimenta el capital. Lo interesante frente a eso es el desarrollo de la insurrección micropolítica.

Así esta clase se dirigió “a los inconscientes que protestan” para retomar las palabras de Gilles Deleuze y Félix Guattari. La idea es salir de este nudo de garganta para unificar otra vez el alma y la palabra (así como se juntan en el idioma guaraní).

Suely Rolnik nos invitó a la protesta en este seminario. ¿Cómo?

La potencia política del arte puede ser una primera puerta. El arte como única actividad humana donde se autoriza este vínculo, esta relación entre cuerpo y subjetividad. Pero se ha vuelto también un lugar favorecido para el proxenetismo del capital con el capitalismo global que se desarrolló, “chuleando la potencia de creación de los artistas”.

Por eso necesitamos desarrollar la idea del arte como protesta de los inconscientes.

Retomando la figura de la cinta de Moebius utilizada por Lygia Clark nos acordamos que la forma depende de nuestros actos, que el espacio resulta del arte y que el tiempo es el propio devenir del espacio.

Recordamos también que todos como elementos de la biosfera somos fuerzas vitales con proceso continuo de creación. No se puede chulear la vida somos parte de ella.

Y lo propio de la vida es la perseverancia que tiene la vida al crear para seguir viviendo.

Se terminó el taller dejando preguntas, posibilidades: ¿Cómo ocupo un lugar con mi voz, con mi cuerpo, como vocantes? ¿Cómo cantando por ejemplo, se escucha el alma?

DIA 3:

Seminario Suely Rolnik: Micropolíticas activa y reactiva.
Segunda sesión.

Relatoría Margot Delorme

 

En guaraní, la palabra garganta significa el nido de palabras. Y ahí es importante precisar que palabras significa alma y alma significa palabras. Para los guaraníes, la enfermedad viene cuando la palabra pierde el alma o cuando el alma no tiene palabras. Eso implica que las palabras tienen una germinación, un tiempo antes de salir.

Entonces, es importante estar a la altura del tiempo y del cuidado del nido de garganta para lograr decir de la manera más precisa posible aquello que sofoca y produce un nudo en la garganta. Ese es el trabajo del pensamiento desde la perspectiva ético-estética: dar tiempo para que salgan las palabras porque cuando ignoramos este nudo, esta fábrica de mundos, esta pulsión vital que podríamos llamar inconsciente, el nudo se vuelve nódulo.

“El agotamiento de los recursos naturales probablemente está mucho menos avanzado que el agotamiento de los recursos subjetivos, de los recursos vitales que afecta a nuestros contemporáneos.”

Comité invisible 2016.

Y es cierto que todos estamos bajo este proxenetismo del régimen colonial-capitalístico. Lo que nos deja a veces agotados.

Retomamos la experiencia de Lygia Clark y de la cinta de Moebius, mostrando que no se puede separar la fuerza vital de la forma, las dos experiencias hacen parte de nuestra subjetividad.

Suely Rolnik definió así dos tipos de experiencias: el sujeto y las formas que son lo familiar; y lo fuera-del-sujeto y las fuerzas que son lo extraño.

El sujeto aprende las formas del mundo en su estado actual (modos de existencia, los personajes de sus guiones, sus respectivas funciones, sus códigos, sus representaciones, sus sentidos) por aprehensión cognitiva (vía percepción, asociación, proyección, clasificación y reconocimiento). Para el sujeto, el lugar del otro es un cuerpo externo, separado del sujeto, sobre el cual éste proyecta representaciones. Se relaciona con el otro vía la comunicación y la información. Su función es existir socialmente.

La experiencia  como fuera-del-sujeto, lleva a la subjetividad a aprender las fuerzas del mundo cuyas emanaciones generan en el cuerpo otros mundos en estado virtual. Son embriones de mundos que pulsan en todos los cuerpos, engendrados por resonancias singulares de las fuerzas del medio (humano y no humano) en cada uno de ellos. El modo de aprehensión se hace por el extra-cognitivo, (vía el saber-del-cuerpo, el saber-del-vivo…). El lugar del otro es un cuerpo vivo cuyos efectos habitan nuestro cuerpo y lo componen. Se relacionan con el otro vía resonancia intensiva (entre afectos). Su función es habitar nuestra condición de vivientes.

Así se dibujan dos tipos de experiencias: la del cuerpo, experiencia personal, sensorial o sensible, sentimental (emoción psicológica) moldeable por el imaginario de nuestra condición sociocultural y la experiencia fuera-del cuerpo: una experiencia extra-personal, extra-sensorial o extra-sensible (afecto), extra-psicológica o extra-sentimental (emoción vital) que resulta del flujo vital que atraviesa todos los cuerpos.

Esas dos experiencias se viven juntas en una experiencia del Extraño-familiar.

Pero las dos experiencias son muy paradójicas, traen mucha tensión. Una busca la conservación de la vida (permitir germinación de los embriones de los mundos que nos habitan). Esto lleva a la vida a plasmarse en otras formas de existencia, lo que pone en riesgo la continuidad de las formas vigentes. Y la otra busca la conservación de las formas vigentes (formas en las que la vida se encuentra temporalmente materializada y la subjetividad).  Y eso lleva una constante negociación entre las dos.

De hecho, esta tensión es una alarma ante la urgencia de la vida de recobrar un equilibrio. Esta alarma convoca el deseo a actuar para recobrar un equilibrio vital, emocional y existencial. La forma de actuar del deseo frente a esta tensión define las micropolíticas.

Aquí Suely Rolnik distinguió dos tipos de micropolíticas: activa o reactiva.

En la micropolítica reactiva las acciones del deseo producen una simple redundancia. El mal estar, que es importante, está interpretado por el sujeto como una cosa mala, que se vuelve una angustia. Entonces el deseo no escucha la fuerza vital y va a conectarse con cosas del entorno para actuar y sentirse mejor (consumir religión, maquillaje, ropa…).El capitalismo en este caso chulea la fuerza vital. Eso da lugar a una vida genérica, una vida mínima, una vida estéril. Esta micropolítica es la que domina en el régimen colonial-capitalístico.

En cambio, la micropolítica activa genera acciones que producen diferencias: es una vida que busca esquivar el inconsciente colonial-capitalístico, es un saber que se desarrolla a lo largo de la vida y que permite una vida noble, prolifera, singular, una vida.

DIA 4:

Seminario Suely Rolnik: Esferas de insurrección: macro y micropolíticas.
Tercera sesión.

Relatoría Margot Delorme.

En esta última sesión del seminario de Suely Rolnik, retomamos la imagen del pensamiento. El pensamiento en el sentido de todas las acciones del deseo no sólo es pensar.

Suely Rolnik distinguió dos tipos de pensamientos (al igual que hay dos tipos de micropolíticas): el pensamiento activo y el pensamiento reactivo.

El pensamiento activo se inscribe en una perspectiva ético-estético-clínico-política cuando el pensamiento reactivo se inscribe en una perspectiva antropo-etno-falo-ego-logocéntrica.

El pensamiento activo podría caracterizarse con tres palabras: escuchar, implicarse y crear. Un pensamiento activo en efecto significa escuchar a los afectos y germines de mundos que estos anuncian, implicarse en el movimiento de desterritorialización provocado por los germines y crear un decir para que se complete su germinación. Este pensamiento permite una transfiguración de la cartografía vigente, una transvaloración de los valores dominantes, y una polinización de las subjetividades que lo encuentran. Este pensamiento constituye una acción fecunda de un pensamiento pilotado por la imaginación creadora capaz de “curar” el inconsciente colonial-capitalístico para que la pulsión vital retome su destino ético.

El pensamiento reactivo a cambio se caracteriza por ensordecer, reflejar, explicar y racionalizar. En efecto, ensordece a los afectos y a los germines de mundos que anuncian; refleja y revela una supuesta verdad oculta en la oscuridad de la ignorancia que la razón supuestamente elimina; explica y declina un sentido, mascando la desterritorialización, suponiendo así su control; y racionaliza, negando la desestabilización y alucina una supuesta estabilidad. Este pensamiento reproduce la cartografía vigente y sus valores, en una acción estéril.

Obviamente no hay un pensamiento que sea puro activo o puro reactivo, siempre estamos oscilando entre los dos. La producción artística como tal es una producción del pensamiento. Pero hoy, hasta el arte puede encontrarse bajo el proxenetismo del sistema colonial-capitalístico. El pensamiento como imaginación creadora requiere un trabajo sin fin de descolonización del inconsciente en nuestras propias subjetividades.

Esta descolonización requiere descifrar el régimen y sus efectos hegemónicos sobre la existencia individual y colectiva desde una perspectiva teórica transdisciplinaria e indisociable de una pragmática clínico-estetico-pollitica.

Así que para apoyarnos en este trabajo sin fin de descolonización del inconsciente, Suely Rolnik nos dejó diez sugerencias.

 

Diez sugerencias para una incesante descolonización del inconsciente.

 

1) Desanestesiar nuestra vulnerabilidad a las fuerzas en sus diagramas variables: la potencia de la subjetividad en su experiencia afuera-del-sujeto.

2) Activar y desarrollar el saber-eco-etológico (o saber-del-cuerpo) en el transcurso de nuestra existencia (experiencia como viviente): La experiencia del mundo en su condición como viviente, cuyas fuerzas producen efectos en nuestro cuerpo, el cual pertenece a esa misma condición y la comparte con todos los elementos de la biosfera.

3) Desobstruir cada vez más el acceso a la paradójica y tensa experiencia de lo extraño-familiar.

4) No denegar la fragilidad resultante de la desterritorialización desestabilizadora que el estado extraño-familiar genera inevitablemente porque esta fragilidad es vida.

5) No interpretar la fragilidad de este estado inestable y su malestar como “algo malo”, ni proyectar sobre ese malestar lecturas fantasmáticas (eyaculaciones precoces del yo provocadas por su miedo al desamparo y a la falencia y sus consecuencias imaginarias: el repudio, el rechazo, la exclusión social, la humillación y la locura). Dichas proyecciones son portadoras de falsas explicaciones para la causa del malestar, que siempre queda asociado así un presunto error y, por ende, a la culpa, ya sea la nuestra o la de algún otro, sea quien sea.

6) No ceder a la voluntad de conservación de las formas de existencia y a la presión que ésta ejerce contra la voluntad de potencia de la vida en su impulso de producción de diferencia. Al contrario: hay que procurar sostenerse en el tenue hilo de este estado inestable hasta que la imaginación creadora construya un lugar de cuerpo-y-habla que, al ser portador de la pulsación de lo extraño-familiar, sea capaz de actualizar el mundo virtual que esta experiencia anuncia, permitiendo así que las formas agonizantes terminen de morirse.

7) No atropellar el tiempo propio de la imaginación creadora, a los efectos de evitar el riesgo de interrumpir la germinación de un mundo. Tal interrupción vuelve a la imaginación vulnerable y pasible de dejarse expropiar por el régimen colonial-proxenetístico que la desvía de su destino ético. En este desvío es capturada y tiende a someterse al imaginario que dicho régimen nos impone seductoramente, lo que la torna totalmente estéril. Lo que sucede, en este caso, es que en lugar del ejercicio de la creación de lo “nuevo” (en resonancia con lo que la vida exige), la imaginación pasa a reducirse al ejercicio de su capacidad creativa (disociada de la vida) para producir “novedades” que multiplican las oportunidades para las inversiones de capital y excitan las ganas de consumir a velocidad exponencial. O sea, así reducido a la “creatividad”, el trabajo de “creación” se vuelve infértil.

8) No renunciar al deseo en su ética de afirmación de la vida, lo cual implica mantenerla fecunda lo más posible en cada momento, fluyendo en su ilimitado proceso de diferenciación de formas y valores.

9) No negociar con lo innegociable: todo aquello que obstaculiza la afirmación de la vida en su esencia de potencia de creación. Aprender a distinguirlo de lo negociable: todo aquello que se podría aceptar y reajustar porque no debilita la fuerza vital instituyente sino que, al contrario, genera las condiciones objetivas para que se produzca un acontecimiento, cumpliéndose así su destino ético.

10) Ejercer el pensamiento en su plena función: indisociablemente ética, estética, política, crítica y clínica. Es decir, re-imaginar el mundo en cada gesto, en cada palabra, en cada relación con el otro (humano y no humano) y en cada modo de existir siempre que la vida así lo exija.