Lab. Giulia Palladini

Primera sesión

De cómo comenzar sin comenzar. “En el preludio hay trabajo y hay goce” (G.P.)

Primera No sesión del Laboratorio de Experimenta/Sur II

Relatoría libre: Bertha Díaz.

Experimenta Sur dio inicio ayer su segunda fase. En este espacio que se genera en el marco de la Academia Internacional de Artes Escénicas, una plataforma promovida en Latinoamérica por la Fundación Siemens Stiftung en asocio con el Goethe-Institut y entidades bogotanas, y que tiene como propósito la creación de espacios temporales reflexión, formación y experimentación alrededor de preguntas de las artes escénicas contemporáneas y su relación con otros ámbitos de la creación, se generó la antesala del laboratorio ¿Qué valor de uso tiene el performance? Este comienza oficialmente mañana, tras la conferencia del mismo nombre que Giulia Paladini -la guía del laboratorio- ofrece hoy a las 19h00 en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación. Giulia es italiana; trabaja como investigadora y curadora en estudios de performance… sus intereses están enfocados en el archivo y la circulación de los afectos a través de la práctica artística.

Como referí antes, el laboratorio no comenzó oficialmente, pero quienes estamos en el mismo nos reunimos para poder empezar a detectar los elementos para acercarnos, reconocernos e indagar sobre cómo construir una gramática común, parafraseando a la propia Giulia. Ahí en ese preámbulo del laboratorio y en medio de palabras que se despertaron entre lxs laboratoristas al hablar de sus propios recorridos ideoestéticos, tales como: placer, angustia, tristeza, espectros, memoria, ciudad, exhibición, archivos, afectos, afectaciones, paradoja, pedagogía, filosofía, actuación, teatro, performance, efímero, visualidad, danza, movimiento, circo, gesto, fenomelogía, fenomenalidad, crítica, crisis, arte, perspectivas éticas-estético-clínicas, textos, dramaturgia, archivos, familia, archivos-vivos, tiempo, exceso, exhibición, falta, entre otras, se empezó a desarrollar el inicio de un tejido.

En sintonía con la idea de salir de la certeza y del (auto)control (desmontar la represión del deseo, en guiño a Suely Rolnik) y de un proceso de reflexión teórica que solo es válido si nos increpa íntimamente -principios que ha acompañado estas jornadas desde su primer edición en octubre pasado- quedó sentada la incertidumbre sobre qué formas y qué fuerzas va tomar este tejido que se configurará en el laboratorio, sobre cómo y en qué se va a convertir el mismo y cómo va a convertirnos.

Giulia planteó dos ideas medulares de su trabajo: la idea de preludio y la de montaje. En analogía con el sexo, con el coito, Giulia hace pensar que el preludio, es decir el preámbulo, la fase preliminar de algo, es trabajo y al mismo tiempo placer, goce. Poner desde la fase pre-liminar de algo que se genera estas dos ideas, que al mismo tiempo pueden verse como gestos o  intenciones, se conecta íntimamente con ciertos principios que Suely Rolnik propuso en la primera fase de Experimenta/Sur en octubre precedente, cuando nos azuzó sobre la idea de pensar, de hacer, de vivir, recuperando un estado vibrátil del cuerpo. Y a la vez esto funciona como metáfora de lo que sucedió en esta primera pre-sesión. La idea de montaje se irá hilvanando en los días que vienen.

Otra de las invitaciones generadas por Giulia apunta a razonar sobre le tiempo de la performance a través del archivo, sobre cómo acercarse a la huella de lo que ya pasó, de lo que ya no es ni está más… Y, al mismo tiempo, permitirse desarrollar un estado de encuentro siempre nuevo con esa obra ya sucedida, gracias a quien se acerca al archivo. Ello implica un estado que también está mediado por el placer y que da lugar al mismo.

En medio de esta idea de pensar nuestros archivos afectivos y generar nuevas afectaciones que despierten el pensamiento, Rolf Abderhalden -artífice de estas jornadas- insistió en la recuperación de la la fricción que pre-ocupa el ámbito intimo de la subjetividad. Su invitación constante apunta a cómo acercarnos a lo extraño que produce esa fricción y desde ahí re-inventarnos.

Este, sin duda, no es un espacio de reflexión teórica. Es un lugar, como dice Rolf, para estar más cerca de la duda que de la certeza. Hay que entrar (recuperar, construir, inventar, imaginar) los espacios de potencia para que emerja nuestra poética.

Segunda sesión

El performance como gesto de desobediencia a la organización adulta de la productividad.
Resistir, persistir y abrir zonas autónomas, una charla de Giulia Paladini.

Relatoría libre: Bertha Díaz

Hans Thies Lehmann refería en cierta entrevista que le hicieron en la Revista Ñ, de diario El Clarín de Argentina, que el arte no es político por su contenido, sino porque está hecho políticamente. Y es que cuando el quehacer artístico se concibe políticamente, es decir, cuando sus preguntas íntimas que lo accionan son políticas, se vuelve él mismo un gesto político, revolucionario,resistente y persistente.

A Giulia Paladini, investigadora italiana concentrada en estudios sobre la performatividad, el archivo, el tiempo y su uso, además de curadora de artes visuales y docente, se le asignó la pregunta inaugural de las segundas jornadas de Experimenta Sur, que se desarrolló el día de ayer a modo de conferencia. El título fue: ¿Qué valor de uso tiene el performance? Montaje, finitud y autonomía.

Desde su propia metodología para abordar tal pregunta y desde los autores que ella pone en relación: Virno, Marx, Benjamin, Foucualt -para mencionar unos cuantos- su trabajo se alinea con esta idea de Lehmann recuperada en el párrafo que abre este texto y que sitúa al arte político como algo asociado íntimamente como el hacer, en este caso, un hacer del pensamiento sobre el arte, que al mismo tiempo también es acto de creación. Su pensamiento se rehúsa a ser territorio acabado y se lanza a disparar preguntas sobre qué hacemos, es decir sobre nuestras prácticas mismas y el empleo del tiempo en ella, nuestras relaciones con el tiempo en ellas… cabe decir,  no solo las prácticas en el arte, sino en todas nuestras esferas relacionales.

En la conferencia, la pensadora italiana nos abocó a reflexionar sobre los modos de producción del arte. Y cómo esos modos de producción en sí mismo también sirven de reflexión sobre el tiempo del (y en el ) capital, sus lógicas y sus determinaciones. La cuestión del uso y distribución del tiempo sirven para dinamizar las preguntas sobre qué mueven las artes performativas, pues por su naturaleza -ya que ocurren y dislocan en el presente- sirven para que esta pregunta tome cuerpo.

Giulia insistió en que el potencial político del performance consiste en imaginar una temporalidad autónoma del propio tiempo de trabajo. Y en el hecho de que hay que pensar que esta zona autónoma que constituye la escena, implica también unas formas de trabajo y placer que le son propias y que se movilizan más allá de sus bordes. Es decir que tienen resonancia en lo que precede a la escena, lo que se vive en la escena y lo que le sobrevive a ella.

En cuanto a las nociones de montaje y de preludio, abordó ambas como formas que complementan el lance hacia la autonomía. El montaje lo acogió como unidad operativa de trabajo y también como modalidad de composición. Ella refirió que el montaje apunta a una forma autónoma de organización de la materia creativa, lo cual ofrece otra relación con el tiempo y el tiempo de la historia. El montaje constituye una concreción otra con el cuerpo.

En relación a la idea de preludio -y en contraposición o más bien como variante a la idea de montaje que implica una suerte de muerte también, un proceso de finitud-, este pre-anuncia el desarrollo de un trabajo y ocupa un espacio subalterno frente a la obra, dijo la autora. Sin embargo, esta zona de subalternidad cuenta al mismo tiempo con una enorme autonomía. Es decir, ella existe como extensión temporal del radio de acción de la materia creativa, con lo cual el uso de ese tiempo pre-liminar constituye también sentido.

La cuestión central con lo que se confronta la escena hoy, si se piensa como acción política -dice la pensadora italiana- es la ocupación del tiempo. Para ejemplificar ello uno de las vías que utilizó fue las reflexiones de Georges Bataille cuando refiere que la escritura supone una profunda conciencia de hacer lo contrario de trabajo (una paradoja). Bataille define al escribir (y eso como síntesis del acto artístico en general) desde una relación pueril con relación al mundo adulto de la productividad. Giulia insiste en que el quehacer artístico subvierte la idea del tiempo y de su uso. Pero piensa que este privilegio implica una enorme responsabilidad política. Esta “desobediencia a la organización adulta de la productividad”, como lo dice textualmente, no debe ser domesticada jamás. Ese sería el mayor estado de concentración al que debe abocarse el artista, a conservar una zona otra, que -como lo complementó en el diálogo que luego de la conferencia tuvo con algunxs asistente-s: no tendría que ver con el exilio, sino con abrir zonas otras dentro del sistema.

Repensar el arte hoy implica una revisión íntima sobre cómo dialogamos y negociamos con las formas en las que el capital se organiza y pretende organizarnos. Una charla que operó como acción subversiva, es decir, de versión más pequeña a la oficial del performance y también revolucionaria.

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