Conferencia Suely Rolnik: Sugerencias para resistir al abuso de la potencia de creación. ¿Qué tiene que ver el arte con eso (y con la clínica) y qué tiene que ver todo esto con la política?

 

 

Relatoría Margot Delorme.

Insurgencias macro y micropolíticas: disimilitudes y entrelazamientos.

“De lo que siempre se trata es liberar la vida allí donde está cautiva o intentarlo en un combate incierto” Gilles Deleuze y Félix Guattari.

Suely Rolnik retomó en esta conferencia la imagen del nido de garganta que había desarrollado durante los seminarios. En guaraní, la palabra garganta significa nido de palabras. Y eso muestra bien el sentido de que las palabras germinen, emergen de una fecundación del aire y del tiempo en nuestros cuerpos.

Cuando ignoramos esta fábrica de mundos que podríamos llamar inconsciente, no logramos estar a la altura de la vida, y los nudos se vuelven nódulos, cáncer de garganta. Suely Rolnik nos recordó que la vida quiere perseverar y por eso desarrolla un proceso de creación incesante. Este proceso de creación se vincula con el trabajo del pensamiento desde una perspectiva ético-estética y ahí es donde reside la potencia micropolítica. Se distingue dos micropolíticas: una micropolítica activa, cuando es a la altura del tiempo, y al revés, la micropolítica reactiva, la que predomine en el sistema colonial-capitalístico y que genera una disociación entre el inconsciente, la pulsión vital y el sujeto.

En esta conferencia, Suely Rolnik diferenció dos niveles de políticas, macro y micro.

Una macropolítica es una protesta programática de los conciencias cuando una micropolítica es una pulsión más interna.

El foco macropolítico es visible y audible, y se ubica en el ámbito del sujeto. Está vinculado con la desigualdad en la distribución de los derechos y la asimetría en todas las relaciones de poder en la sociedad. El blanco de la insurrección macropolítica abarca al estado y sus leyes.  Los agentes en potencial de la macropolítica son únicamente los humanos, sobre todo los que ocupan posiciones subalternas en la trama social (incluye también otras capas sociales puesto que este sentimiento de injusticia social se puede difundir a otras capas).

Por otra parte, el foco micropolítico es invisible e inaudible. Se ubica en la tensión entre el sujeto y el afuera-del-sujeto. El foco de insurrección de la micropolítica es el abuso de la fuerza vital de todos los elementos que constituyen la biosfera (no sólo los humanos). Así que los agentes en potencial aquí son todos los elementos de la biosfera en insurgencia ante la violencia contra la vida. En el caso de la micropolítica, ser agente de la insurgencia y asumirse como tal no depende de la cartografía social, económica o cultural. Obviamente, la esfera macropolítica, como todo lo que viene en el plano de las formas y su código, impacta lo micropolítico. Pero no existe ninguna simetría o paralelismo entre agentes de las dos esferas. Las dinámicas en las esferas micropolíticas son más complejas y paradójicas que las de las posiciones que cada uno ocupa macropolíticamente en la sociedad.

El vector de acción de los agentes en el marco de una macropolítica es denunciar las injusticias, “concientizar” y movilizar (sobre todo al subalterno) para “empoderar” a los movimientos macropolíticos e instaurar una distribución de los derechos más igualitaria.  La intensión aquí es empoderar el sujeto para liberarse de la opresión política, y lograr ocupar afirmativamente el “lugar del hablar”.

En el marco de una micropolitica, el vector es la voluntad de perseverancia de la vida, el impulso a “anunciar” mundos por venir (aquí la desestabilización provocada requiere implicación y no explicación). Se tiende a movilizar otros inconscientes mediante resonancias y a lanzarse en otros procesos de experimentación en los cuales se performatizarán otros devenires del mundo. La intensión en este caso es potenciar la vida (lo que es muy diferente a empoderar al sujeto aunque los dos sean complementarios) y reapropiarse la fuerza vital vía una reapropiación del lenguaje para crear las imágenes de la fábrica.

Además, lo macropolítico, evalúa las situaciones con un criterio moral, sistemas de valores de los modos de existencia vigentes. Se basa en un criterio exclusivamente racional, dirigido por el juicio moral del sujeto. A cambio, lo micropolítico se basa en un criterio pulsional y ético: su aguja apunta aquello que le pide la vida como condición para perseverar.

Eso genera modos de operaciones muy diferentes: lo macropolítico actúa por negación, con modos de combates contra los opresores cuando lo micropolítico actúa por afirmación en un combate por la vida que requiere no ceder al abuso de la pulsión. El objetivo en este caso es neutralizar los efectos del trauma lo más que se pueda, desarticular el poder del inconsciente colonial-capitalístico en nuestra propia subjetividad.

En los dos marcos hay un opresor y un oprimido, ambos implicados en su dinámica. Pero en el marco de lo micropolítico, el oprimido tiende a confundir el privilegio material que provee de la misma situación con un privilegio vital de su modo de existir.

Por fin, una diferencia entre los combates macro y micropolítico es que lo macropolítico apunta a redistribuir los lugares en el interior de las relaciones de poder cuando lo micropolítico apunta a deshacer esas relaciones disolviendo sus personajes y sus respectivos roles.

En este contexto, actuar a nivel macro es esencial pero no es suficiente, también se debe actuar a nivel micro.

Hay modos de cooperaciones posibles como la construcción programática a partir de un plan de acciones previamente definido con una demanda concreta a nivel macro, apoyado por una determinación micro al mismo tiempo. Otra opción es generar una cooperación por resonancias entre frecuencias de afectos para la construcción de lo común: es decir tejer múltiples redes de conexiones.

 

 

Seminario Suely Rolnik: Micropolíticas activa y reactiva.
Segunda sesión.

 

 

Relatoría Margot Delorme

En guaraní, la palabra garganta significa el nido de palabras. Y ahí es importante precisar que palabras significa alma y alma significa palabras. Para los guaraníes, la enfermedad viene cuando la palabra pierde el alma o cuando el alma no tiene palabras. Eso implica que las palabras tienen una germinación, un tiempo antes de salir.

Entonces, es importante estar a la altura del tiempo y del cuidado del nido de garganta para lograr decir de la manera más precisa posible aquello que sofoca y produce un nudo en la garganta. Ese es el trabajo del pensamiento desde la perspectiva ético-estética: dar tiempo para que salgan las palabras porque cuando ignoramos este nudo, esta fábrica de mundos, esta pulsión vital que podríamos llamar inconsciente, el nudo se vuelve nódulo.

“El agotamiento de los recursos naturales probablemente está mucho menos avanzado que el agotamiento de los recursos subjetivos, de los recursos vitales que afecta a nuestros contemporáneos.”

Comité invisible 2016.

Y es cierto que todos estamos bajo este proxenetismo del régimen colonial-capitalístico. Lo que nos deja a veces agotados.

Retomamos la experiencia de Lygia Clark y de la cinta de Moebius, mostrando que no se puede separar la fuerza vital de la forma, las dos experiencias hacen parte de nuestra subjetividad.

Suely Rolnik definió así dos tipos de experiencias: el sujeto y las formas que son lo familiar; y lo fuera-del-sujeto y las fuerzas que son lo extraño.

El sujeto aprende las formas del mundo en su estado actual (modos de existencia, los personajes de sus guiones, sus respectivas funciones, sus códigos, sus representaciones, sus sentidos) por aprehensión cognitiva (vía percepción, asociación, proyección, clasificación y reconocimiento). Para el sujeto, el lugar del otro es un cuerpo externo, separado del sujeto, sobre el cual éste proyecta representaciones. Se relaciona con el otro vía la comunicación y la información. Su función es existir socialmente.

La experiencia  como fuera-del-sujeto, lleva a la subjetividad a aprender las fuerzas del mundo cuyas emanaciones generan en el cuerpo otros mundos en estado virtual. Son embriones de mundos que pulsan en todos los cuerpos, engendrados por resonancias singulares de las fuerzas del medio (humano y no humano) en cada uno de ellos. El modo de aprehensión se hace por el extra-cognitivo, (vía el saber-del-cuerpo, el saber-del-vivo…). El lugar del otro es un cuerpo vivo cuyos efectos habitan nuestro cuerpo y lo componen. Se relacionan con el otro vía resonancia intensiva (entre afectos). Su función es habitar nuestra condición de vivientes.

Así se dibujan dos tipos de experiencias: la del cuerpo, experiencia personal, sensorial o sensible, sentimental (emoción psicológica) moldeable por el imaginario de nuestra condición sociocultural y la experiencia fuera-del cuerpo: una experiencia extra-personal, extra-sensorial o extra-sensible (afecto), extra-psicológica o extra-sentimental (emoción vital) que resulta del flujo vital que atraviesa todos los cuerpos.

Esas dos experiencias se viven juntas en una experiencia del Extraño-familiar.

Pero las dos experiencias son muy paradójicas, traen mucha tensión. Una busca la conservación de la vida (permitir germinación de los embriones de los mundos que nos habitan). Esto lleva a la vida a plasmarse en otras formas de existencia, lo que pone en riesgo la continuidad de las formas vigentes. Y la otra busca la conservación de las formas vigentes (formas en las que la vida se encuentra temporalmente materializada y la subjetividad).  Y eso lleva una constante negociación entre las dos.

De hecho, esta tensión es una alarma ante la urgencia de la vida de recobrar un equilibrio. Esta alarma convoca el deseo a actuar para recobrar un equilibrio vital, emocional y existencial. La forma de actuar del deseo frente a esta tensión define las micropolíticas.

Aquí Suely Rolnik distinguió dos tipos de micropolíticas: activa o reactiva.

En la micropolítica reactiva las acciones del deseo producen una simple redundancia. El mal estar, que es importante, está interpretado por el sujeto como una cosa mala, que se vuelve una angustia. Entonces el deseo no escucha la fuerza vital y va a conectarse con cosas del entorno para actuar y sentirse mejor (consumir religión, maquillaje, ropa…).El capitalismo en este caso chulea la fuerza vital. Eso da lugar a una vida genérica, una vida mínima, una vida estéril. Esta micropolítica es la que domina en el régimen colonial-capitalístico.

En cambio, la micropolítica activa genera acciones que producen diferencias: es una vida que busca esquivar el inconsciente colonial-capitalístico, es un saber que se desarrolla a lo largo de la vida y que permite una vida noble, prolifera, singular, una vida.