Seminario Suely Rolnik: Esferas de insurrección: macro y micropolíticas.
Tercera sesión.

 

Relatoría Margot Delorme.

En esta última sesión del seminario de Suely Rolnik, retomamos la imagen del pensamiento. El pensamiento en el sentido de todas las acciones del deseo no sólo es pensar.

Suely Rolnik distinguió dos tipos de pensamientos (al igual que hay dos tipos de micropolíticas): el pensamiento activo y el pensamiento reactivo.

El pensamiento activo se inscribe en una perspectiva ético-estético-clínico-política cuando el pensamiento reactivo se inscribe en una perspectiva antropo-etno-falo-ego-logocéntrica.

El pensamiento activo podría caracterizarse con tres palabras: escuchar, implicarse y crear. Un pensamiento activo en efecto significa escuchar a los afectos y germines de mundos que estos anuncian, implicarse en el movimiento de desterritorialización provocado por los germines y crear un decir para que se complete su germinación. Este pensamiento permite una transfiguración de la cartografía vigente, una transvaloración de los valores dominantes, y una polinización de las subjetividades que lo encuentran. Este pensamiento constituye una acción fecunda de un pensamiento pilotado por la imaginación creadora capaz de “curar” el inconsciente colonial-capitalístico para que la pulsión vital retome su destino ético.

El pensamiento reactivo a cambio se caracteriza por ensordecer, reflejar, explicar y racionalizar. En efecto, ensordece a los afectos y a los germines de mundos que anuncian; refleja y revela una supuesta verdad oculta en la oscuridad de la ignorancia que la razón supuestamente elimina; explica y declina un sentido, mascando la desterritorialización, suponiendo así su control; y racionaliza, negando la desestabilización y alucina una supuesta estabilidad. Este pensamiento reproduce la cartografía vigente y sus valores, en una acción estéril.

Obviamente no hay un pensamiento que sea puro activo o puro reactivo, siempre estamos oscilando entre los dos. La producción artística como tal es una producción del pensamiento. Pero hoy, hasta el arte puede encontrarse bajo el proxenetismo del sistema colonial-capitalístico. El pensamiento como imaginación creadora requiere un trabajo sin fin de descolonización del inconsciente en nuestras propias subjetividades.

Esta descolonización requiere descifrar el régimen y sus efectos hegemónicos sobre la existencia individual y colectiva desde una perspectiva teórica transdisciplinaria e indisociable de una pragmática clínico-estetico-pollitica.

Así que para apoyarnos en este trabajo sin fin de descolonización del inconsciente, Suely Rolnik nos dejó diez sugerencias.

 

Diez sugerencias para una incesante descolonización del inconsciente.

 

1) Desanestesiar nuestra vulnerabilidad a las fuerzas en sus diagramas variables: la potencia de la subjetividad en su experiencia afuera-del-sujeto.

2) Activar y desarrollar el saber-eco-etológico (o saber-del-cuerpo) en el transcurso de nuestra existencia (experiencia como viviente): La experiencia del mundo en su condición como viviente, cuyas fuerzas producen efectos en nuestro cuerpo, el cual pertenece a esa misma condición y la comparte con todos los elementos de la biosfera.

3) Desobstruir cada vez más el acceso a la paradójica y tensa experiencia de lo extraño-familiar.

4) No denegar la fragilidad resultante de la desterritorialización desestabilizadora que el estado extraño-familiar genera inevitablemente porque esta fragilidad es vida.

5) No interpretar la fragilidad de este estado inestable y su malestar como “algo malo”, ni proyectar sobre ese malestar lecturas fantasmáticas (eyaculaciones precoces del yo provocadas por su miedo al desamparo y a la falencia y sus consecuencias imaginarias: el repudio, el rechazo, la exclusión social, la humillación y la locura). Dichas proyecciones son portadoras de falsas explicaciones para la causa del malestar, que siempre queda asociado así un presunto error y, por ende, a la culpa, ya sea la nuestra o la de algún otro, sea quien sea.

6) No ceder a la voluntad de conservación de las formas de existencia y a la presión que ésta ejerce contra la voluntad de potencia de la vida en su impulso de producción de diferencia. Al contrario: hay que procurar sostenerse en el tenue hilo de este estado inestable hasta que la imaginación creadora construya un lugar de cuerpo-y-habla que, al ser portador de la pulsación de lo extraño-familiar, sea capaz de actualizar el mundo virtual que esta experiencia anuncia, permitiendo así que las formas agonizantes terminen de morirse.

7) No atropellar el tiempo propio de la imaginación creadora, a los efectos de evitar el riesgo de interrumpir la germinación de un mundo. Tal interrupción vuelve a la imaginación vulnerable y pasible de dejarse expropiar por el régimen colonial-proxenetístico que la desvía de su destino ético. En este desvío es capturada y tiende a someterse al imaginario que dicho régimen nos impone seductoramente, lo que la torna totalmente estéril. Lo que sucede, en este caso, es que en lugar del ejercicio de la creación de lo “nuevo” (en resonancia con lo que la vida exige), la imaginación pasa a reducirse al ejercicio de su capacidad creativa (disociada de la vida) para producir “novedades” que multiplican las oportunidades para las inversiones de capital y excitan las ganas de consumir a velocidad exponencial. O sea, así reducido a la “creatividad”, el trabajo de “creación” se vuelve infértil.

8) No renunciar al deseo en su ética de afirmación de la vida, lo cual implica mantenerla fecunda lo más posible en cada momento, fluyendo en su ilimitado proceso de diferenciación de formas y valores.

9) No negociar con lo innegociable: todo aquello que obstaculiza la afirmación de la vida en su esencia de potencia de creación. Aprender a distinguirlo de lo negociable: todo aquello que se podría aceptar y reajustar porque no debilita la fuerza vital instituyente sino que, al contrario, genera las condiciones objetivas para que se produzca un acontecimiento, cumpliéndose así su destino ético.

10) Ejercer el pensamiento en su plena función: indisociablemente ética, estética, política, crítica y clínica. Es decir, re-imaginar el mundo en cada gesto, en cada palabra, en cada relación con el otro (humano y no humano) y en cada modo de existir siempre que la vida así lo exija.

 

Conferencia de Clausura: Vocantes, de Adriana Urrea Restrepo.

 

 

Relatoría Margot Delorme.

Esta noche Adriana Urrea Restrepo cerró EXPERIMENTA/Sur VII con una última conferencia: Vocantes.

Este concepto de Vocantes, empezó a germinar con una novela de Walter Benjamin y fue despertado luego por Heidi y Rolf Abderhalden.

Hay dos imágenes de Walter Benjamin que marcaron a Adriana Urrea Restrepo  durante su reflexión: la primera acerca de la memoria y de las víctimas de los campos de concentración. En efecto, la memoria de esas víctimas no se hizo por transmisión oral cuando salieron de los campos, sino mucho más tarde por escrito. La segunda fue la de un ex-soldado de la primera guerra mundial que, al regresar de la guerra, dejó sus estudios para empezar a investigar sobre la voz (en parte porque había perdido la suya debido a un ataque de gas mostaza y quería recuperarla y por otra parte para empezar a trabajar sobre los gritos de agonía de los soldados).

El mismo Walter Benjamin en un ensayo sobre el lenguaje, habló del “enmudecimiento” de la naturaleza. Decía que la naturaleza también tenía un lenguaje, y no sólo el hombre, y proponía la idea de que los hombres y la naturaleza también tenían un lenguaje espiritual en común pero que al salir del paraíso, algo se había perdido y que para recuperar este lenguaje común, se necesitaba una recuperación de la memoria acústica.

Adriana Urrea Restrepo citó como ejemplo a 1000 Voces, un proyecto dirigido por Heidi Abderhalden, que trabaja con mujeres colombianas víctimas del conflicto que hubieran podido quedar enmudecidas, pero que gracias a la ruta del Pacífico, empezaron a hablar.

Así que la voz no es un medio sino una posibilidad de lenguaje.

Muchas veces se ha reducido la voz al componente sonante mientras que entrar al vocálico implica un movimiento del lenguaje hacia el cuerpo.

En esta visión, la voz genera un ámbito relacional.  Lo vocálico viene con fuerza, con vitalidad e invita a oídos a vincularse. En efecto, en la concepción de Vocantes, quién emite espera que escuchen. Es una visión colectiva, de interacción, de compartir. Es imposible ser un Vocante solo.

En el concepto de Vocantes, el Vocante no es ni un sujeto, ni una figura, ni un personaje, ni una persona y tampoco una subjetividad. Es algo como el aire. Es la condición para producir la voz, los Vocantes son los cuerpos que ponen la voz en acción. Y son cuerpos más allá de las normas del lenguaje del capitalismo. Ser Vocante significa escuchar las potencias internas, las voces del abuelo, del tatarabuelo, de los germines que tenemos. El Vocante es la voz en ejercicio, porque la palabra sólo puede existir con condición de voz.