El laboratorio de Kate McIntosh.

Por Natasha Tiniacos

El primer día de EXPERIMENTA/Sur empezó el taller de Kate McIntosh. Rolf Abderhalden dijo al presentarla: “Venimos a desplazar nuestras prácticas sin dejar el lugar de donde venimos”. Una enorme frase que contiene directas alusiones al desplazamiento implícito en un cronotopo y una ilustración directa a la vida creadora de McIntosh. Formada en la danza, se ha desplazado de una disciplina a otra. La obra Worktable es instalación participativa, performance, paisaje sonoro, coleccionismo… Su desplazamiento también queda en evidencia en la obra Dark Matter (2009).

El laboratorio empezó en un salón de artes de la Universidad Tadeo Lozano. Al llegar encontramos varios juegos de mesas unidas: una vacía y la otra con una colección detenida de objetos. Nos sentamos y miramos hacia la pantalla de su computadora de 13 pulgadas. McIntosh compartió un fragmento de su pieza Dark Matter para comentarnos de su interés por las ciencias e introducir el tema de la metáfora. La pieza gira alrededor de preguntas generales sobre la ciencia. La metáfora, que ella parafrasea como, “el proceso de darle nombre a una cosa que tiene otro nombre”. Según McIntosh, la metáfora no es verdadera. Las formas de hablar metafóricamente son compendios culturales. Entonces suelta la pregunta al aire como un dardo: “¿Qué pasa en nuestra mente cuando escuchamos metáforas?” Y luego nos dice “la interpretación nunca es conclusa, no deja de moverse”, como extendiendo las imágenes de desplazamiento aludidas al inicio de esta nota.

“Por medio de la metáfora, llegamos a conclusiones más complejas que el lenguaje”. Hay un lenguaje asentado, nos dice, cuando lo descolocamos creamos nuevas metáforas. “Imagina que alguien llega a un hospital para ser atendido, pero nos encontramos a un doctor acostado sobre una mesa y alguien nos entrega un bisturí y nos dice que debemos operarlo”. Este descolocar de sentido es recurrente en el humor, además. Cuando empezamos a crear nuevas metáforas es, según Kate, lo más importante en el arte.

McIntosh acusa su interés por la ciencia porque “está vulnerada por su utilidad”. La ciencia quiere ser clara, casi siempre quiere liberarse de la metáfora. Para conversar sobre el tema de EXPERIMENTA/Sur, nos habla del tiempo. “La idea de que el tiempo pasa es una idea de nosotros mismos”, nos dice, porque “los átomos no sufren cambios en el tiempo”. Estas explicaciones se las han dado sus padres, que son científicos. Nos cuenta una anécdota familiar: su padre la lleva al aeropuerto y le dice otras versiones del tiempo, y uno se queda elaborando la escena de esa abstracta conversación como un proceso cotidiano. “Todo pasa en un mismo tiempo” o “El tiempo está dividido”.

He aquí algunas ideas de Kate, durante el laboratorio, editadas a modo de aforismos:

El nivel atómico del tiempo no existe.

 

En el siglo XIX trataron de quitar el lenguaje de las metáforas de la ciencia, pero no lo lograron.

 

Ahora la pregunta es: ¿Cómo el arte utiliza la metáfora?

 

El arte quiere vibrar entre diferentes significados.

 

El arte circula alrededor de una ida en lugar de ser puntual.

 

Cuando vamos a ver arte, entramos buscando algo. Esto no pasa, por ejemplo, al llegar a una habitación de hotel donde sabemos que las cosas estarán en su lugar. Casi todo el arte es una invitación para jugar. Esta es la diferencia entre ciencia y arte, aunque ambas tienen en común la construcción de modelos de realidad.

Kate discierne sobre la metáfora que vendrá. Los cambios climáticos, por ejemplo, claman, a su vez, por cambios de pensamiento porque son problemas contemporáneos. Al enfrentarnos a nuevas complejidades, sucede la creación de nuevas metáforas.

También hay metáforas sospechosas, esas nutridas por la publicidad y los medios de consumo. Hay que tener destrezas, dice Kate, para ir en contra de las metáforas venenosas.

Seguidamente, cierra su conversación teórica para centrarse en establecer las interacciones, los juegos que activarán las ideas de este tema. Una estrategia consistía en escoger un objeto, llevarlo al centro de la mesa, y asignarle un nombre nuevo. Dicho nombre podía ser conceptual o una directa alusión a su consistencia física.

Mesa de juego.

Mesa de juego o la metáfora, juego de mesa.

Las interacciones del juego de las metáforas variaba así como los objetos en el centro de la mesa. El ejercicio constaba en producir nuevas metáforas, que son nuevos sentidos aun envestidos de metira, pero también en alertar al cuerpo de la materialidad de las cosas. Kate nos dijo “El juego de cambiar este propósito del objeto y crear nos ayuda a recordar que todos los modelos son arbitrarios, contingentes”. Todos los modelos son un tipo de propaganda y un fracaso, aunque este fracaso nos da la oportunidad de buscar nuevas verdades.

No podemos dejarnos reducir por los modelos existentes como una verdad absoluta. Así un vaso lleno de sal, es el océano. Al sacar esta sal y regarla sobre la mesa, presionarla contra la palma abierta de la mano, haciendo círculos hasta agotarla, el olvido.