“No pude imaginarte más. Traté de hablarte en voz alta, como solía hacerlo,
pero no había nadie ahí. No podía oírte. Entonces todo se puso patas arriba.
Todo se detuvo. Tú sólo… desapareciste. Y ahora estoy trabajando aquí.
Escucho tu voz todo el tiempo. Cada hombre tiene tu voz”
París, Texas (1984)

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27.03.2017. Estábamos en Estación de La Sabana,de modo que será la primera vez de varios en el TransMilenio. La ruta más eficaz en la K10, de modo que toca hacer trasbordo. Ya sabemos que las cartografías sólo son posibles gracias a la repetición.

Ningún mapa (salvo aquellos de la Situacionista Internacional) se ha trazado en el primer viaje, pero quienes tienen puesta la ciudad le infrigen una velocidad a sus pies más propia de la agenda que de sus ojos.

El taller de Jean-François Dusigne y Claire Dusigne se llama “El teatro entre memoria y olvido, actos de sublevación”. Su sede será el alua 209 del Edificio de Diseño Gráfico de la Universidad Nacional de Colombia. En el transcurso que dejó atrás la avenida Jiménez para ser devorado por la Caracas, un paso subterráneo nos sirvió a los extranjeros como aquel mareo intencional de niños que juegan a La Gallinita Ciega. Y así, mareados, en segundos estábamos viendo a través de las ventanas del K10 un nuevo límite: los umbrales de las fachadas de Santa Fe, donde mujeres trans dejan transparentar sus tetas y muestra sus nalgas en las áreas donde han sido replegadas por las biomujeres que comparten con ellas el oficio de la prostitución, pero no la solidaridad de género.

Una de ellas (una trans) saluda al TransMilenio con un orgullo territorial. Un orgullo de guardagujas. No son las biomujeres del mítico La Piscina Club quienes sirven de paisaje de tránsito en Santa Fe cuando la voz automatizada (y femenina) del TransMilenio dice “Centro Memoria” y “Ciudad Universitaria”, sino las trabajadoras de la periferia. En sus umbrales de las puertas. En sus límites. En su pulsión fronteriza.

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Entre las estaciones Centro Memoria y Ciudad Universitaria hay un cementerio (uno grande). Como si hace décadas alguien hubiera sabido de este día, sobre el umbral del Edificio de Diseño Gráfico hay un mural dedicado a Norma. La polisemia de los nombres (“un nombre propio es la aprehensión instantánea de una multiplicidad”, resuena Deleuze) hace que Norma sea mujer y regla, ley. Y grita el muro: “Para que el paso del tiempo no nos haga cometer la torpeza de olvidar seguir viviendo.// Nuestra compañera Norma, desaparecida FEB. del 2012. Prohibido olvidar”. El olvido vetado por amenazante. El miedo a una amnesia expiatoria. Una pared convertida en la responsable de recordarlo todo, incluso aquello que ha desaparecido.

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Conspirar nace para nombrar la posibilidad de inspirarse juntos. El aula 209 es un ático. Un espacio aéreo. La habitabilidad del aire a dos aguas del edificio. Su altura es determinante. De ahí cuelgan ramas, cadenas, sogas, remanentes de otros ejercicitantes, de otras imaginaciones. Hoy Jean-François y Claire van a sublevarse usando el aire. Es lo que avierten mientras dictan las primeras instrucciones. También dicen que los ejercicios tendrán como eje la respiración y sus extensiones en lo humano. Y así hasta llegar hasta la locomoción: caminar en tanto caminar sea lo humano.

El primer ejercicio establece la coordenada cero de cada participante. Desde el círculo, ahora de pie, la (re)afirmación de quién es quién empieza a ser devuelta por alguien todavía sin nombre: “Yo soy Alex”, dice Alex a 0. “Tú eres Alex”, le responde 0. La interacción se repite hasta que (según la percepción de 0) Alex ha nombrado su lugar con éxito. Y entonces 0 deja de ser 0: “Yo soy Martha”, dice Martha a 1. “Tú eres Martha”, le responde 1. Todos los logran. Son distintos los ritmos, las velocidades. Jean-François y Claire parecen estar haciendo una afinación coral, determinando el tono del conjunto desde el tono individual, hasta dar con un tono resultante, como el pianista que apoya tres dedos sobre tres teclas distintas para ejecutar un tono específico, el tono.

Entonces es momento de caminar. Caminar con una determinación comunicada por el paso, por la respiración, no por la palabra. Caminar yendo en la determinación correcta, no en la dirección corrrecta. Caminar como una sublevación contra el afuera. Caminar como si caminar fuera lo humano.

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[“Los distintos niveles de acceso a la información que cada cual posee sobre sí mismo y sobre los otros secorresponden con los diferentes estratos de interioridad. Cuanto más nos adentramos hacia el afuera —si se nos permite el juego de palabras—, más reservados nos hacemos, puesto que entedemos que una exposición excesiva de lo que sabemos o creemos saber nos convierte en vulnerablesante iniciativas indeseables de los demás. Así, en el máximo nivel de discrecionalidad, nos encontramos con lo que el individuo vive como su interior, su adentro absoluto, aquello que da en llamar su propia conciencia, la convivencia con la cual da pie al concepto de intimidad. Cuanto más nos alejamos de ese núcleo de opacidad, más traslúcidos nos volvemos” // Delgado. Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles]

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La referencia que hace Jean-François a la escena inicial de París, Texas (1984), de Win Venders, pretende que el caminar adquiera sentido (otra polisemia: significado + dirección + percepción). Con los ojos cerrados, habrá que cruzar el aula entera caminando, con la confianza puesta en que el grupo se protege siendo uno. No importa quién sea esa persona-destino hacia la cual se había empezado a caminar: todos en el círculo cambian de lugar, porque no será el destino lo que determine la caminata, sino el sentido. Alteran la cartografía del inicio, de modo que el caminante es recibido por alguien que aún no podrá ser reconocido pero siempre estuvo dispuesto a ser lugar-de-llegada. Sin verlo, lo palpa: lo carga de sentido. Y entonces abre los ojos y recibe la coordenada: “Yo soy Alex”, por ejemplo, permite que Bruna sepa dónde está ahora: en Alex y con Alex. El mismo recorrido consigue variaciones de sentido: ir de la luz hacia la oscuridad; volver; marcar la energía del un lugar al cual se pretende entrar; salir de allí. La respiración como brújula y traductora única. Siempre con lsoojos cerrados, hasta llegar. “No es un problema ser ciegos. Es necesario sublevarse y no dejarse gobernar por la dictadura de la mirada”. Es paradójico: la frase de Jean-François hace que todos abran los ojos. Y ahora toca escribir.

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La nueva instrucción es escribir un monólogo breve a partir de un evento que haya provocado en su autor un shock emocional. Es necesario hacerlo en letra clara, legible, lo que desde la asignación precursa que será leído por otro. Debe tratarse de un recuerdo que lo epante, que lo obsesione, aunque permite ser mediado por la ficción. Debe, además, poner en evidencia una estrategia para alejar o acercar a los demás a ese recuerdo.

(Mi papá ya no está. Antes, quizás todavía, hacía un truco de magia sencillo. Casi malo. A mi hermano y a mí siempre nos soprendía. Intentaré recordarlo para que usted pueda jugar. Era algo así: piense un número del 1 al 10. Ahora súmele 5. Al resultado súmele 2. Ahora reste el número que pensó al comienzo. A ese resultado súmele 1. Ahora divídalo entre dos: le dará 4. Inténtelo una vez más. Con otro número, por supuesto. ¿Ya? De nuevo: 4. Tardé años en descubrir el truco: ahora resta el número que pensaste al comienzo. Cuando se resta de la memoria aquello que ha sido decidido en secreto, quedamos expuestos a aquello que ha calculado otro. No prestamos atención a su cálculo porque estamos guardando un secreto. Sin embargo, esa exposición nunca es tóxica si conduce a la fascinanción, a la sorpresa que late en la adivinanza, al asombro de una empatía invisible. Una empatía de aire, por ejemplo)

Los monólogos son abordados en pareja: mientras alguien sirve como portavoz del otro, la luz baña al autor. No hay ventriloquía. El efecto teatral dispuesto por Jean-François da otra idea: una confesión compartida, una cita referenciada por el cuerpo, una voz-en-off, voz-otra que adquiere sentido al ser tomada por otro. Una brazada más desde el afuera hacia la intimidad. Algunos cierran los ojos, como si hubiesen aprendido a entender el idioma común del aire y no necesitaran de la referencia visual del autor señalado: saben que la voz que lee toma una intimidad prestada y que, al oírla, ellos hacen lo mismo. De nuevo la complicidad aparece como un agenciamiento colectivo.

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[“El adentro, lo interior, el ámbito privado remiten a ideas, sentimientos o conductas que son objeto de reserva y no se someten al juicio ajeno. En el cajón de lo externo, de lo público, se reúne todo lo que se muestra a los demás, loque es objeto de la percepción y opinión por parte de quienes están también ahí afuera, mirando y escuchando todo l oque ha quedado súbitamente al descubierto. El dentro y el afuera connotan, en sus expresiones extremas y respectivamente, el secreto y la exposición total” // Delgado. Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles]

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27.03.2017 (AÚN). Van a ser las seis. Hay que tomar un taxi para que Bogotá nos permita llegar a tiempo a la conferencia inaugural que dictará Jean-François en la Universidad José Tadeo Lozano: “Hacia un actor-creador de la escena en el mundo”. Todos repasan la experiencia debajo de un distribuidor de tránsito peatonal, en la calzada más externa de la Universidad Nacional. Resuenan. Revisitan la experiencia mientras son embutidos de cuatro en cuatro en el tráfico de Bogotá. La productora repite la dirección de destino ya mecánicamente a unos taxistas que no desean recordarla y desplazan esa responsabilidad de la memoria al Waze o al GPS. El grupo, fragmentado, consigue avanzar en la misma dirección aunque la desconozcan. Jean-François y Claire abordan el cuarto de media docena de taxis.

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[“La transformación a la que es sometido el momento real de la explosión —filtrada a tarvés de la selección realizada por la conciencia modelizante, que transforma lo caual en regular— todavía no concluye con el proceso de la conciencia. Al mecanismo se añade también la memoria, que permite volver nuevamente al momento precedente de la explosión, y representar una vez más, ya retrospectivamente, el proceso entero. Ahora se encontrarán tres estadios en la conciencia: el momento de la explosión originaria, el momento de su redacción en los mecanisos de la conciencia y el momento de su nuevo redoble en la estructura de la memoria. El último estadio representa la base del mecanismo del arte” // Lotman. Cultura y explosión. Lo previsible y lo imprevisible en los procesos de cambio social]

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Existe un idioma del aire. Tiene sentido.

 

#ElNarrador

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